El patinaje sobre ruedas en México

Cuenta el escritor Nick Cook que Merlin quería impresionar a los asistentes de una fiesta que se organizó en Londres...
 Cuenta el escritor Nick Cook que Merlin quería impresionar a los asistentes de una fiesta que se organizó en Londres...
México, D.F -
  • Los primeros patines fueron creados por el belga Joseph Merlin en 1760 
  • En México, fue para 1890 que el patinaje se puso de moda entre la juventud

En 1760 el belga Joseph Merlin inventó los patines de ruedas. Cuenta el escritor Nick Cook que Merlin quería impresionar a los asistentes de una fiesta que se organizó  en Londres; decidió que ataría unas ruedas de madera a sus zapatos y, una vez que lo lograra, se deslizaría para marcar su entrada triunfal a la reunión. Sin embargo, el momento no fue tan glorioso como él lo tenía previsto: las ruedas de los patines no giraron y el belga terminó estrellándose en un espejo. A lo largo del siglo XIX, el invento de Merlin se fue perfeccionando y terminó por convertirse en un deporte de moda en el mundo; México no fue la excepción. Durante la década de 1890, el patinaje sobre ruedas se había posicionado como una de las actividades más atractivas dentro de la sociedad mexicana. En 1895, la asamblea de la Ciudad de México permitió que se construyera una pista de madera en la Alameda. Ahí, se organizaban carreras en las que participaban tanto mexicanos como extranjeros. También, la gente podía alquilar patines para deslizarse por la pista y pasar un rato divertido. No obstante, el patinaje sobre ruedas tenía sus detractores. El escritor mexicano de la época Manuel Gutiérrez Nájera consideraba que este tipo de entretenimiento era un placer incomprensible por las ruedas. Para Nájera, este deporte únicamente se debía practicar en el hielo, de lo contrario, se transgredía el arte de patinar. Como él no creía que las calles de México, de un día para el otro, se fueran a convertir en un lago helado, decía que los patinadores al conformarse con deslizarse sobre un entarimado de madera, renunciaban a la parte pintoresca de este arte. Para la pluma de Nájera, el patinaje sobre hielo era más elegante; sin embargo, patinar en ruedas bajo el volcán también tenía su encanto.

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