Consideran canadienses una afrenta nacional los disturbios

El sentimiento de venganza se ha apoderado de Vancouver donde algunas familias están denunciando a sus propios hijos por haber protagonizado los violentos disturbios ocurridos el pasado miércoles...
 El sentimiento de venganza se ha apoderado de Vancouver donde algunas familias están denunciando a sus propios hijos por haber protagonizado los violentos disturbios ocurridos el pasado miércoles tras la derrota del equipo local de hockey sobre hielo
Vancouver, Canadá (Reuters) -
  • Pide autoridad identificar a participantes de los disturbios del miércoles pasado

 El sentimiento de venganza se ha apoderado de Vancouver donde algunas familias están denunciando a sus propios hijos por haber protagonizado los violentos disturbios ocurridos el pasado miércoles tras la derrota del equipo local de hockey sobre hielo. Vancouver confiaba en que el séptimo y último partido de la final de la Liga Profesional de Hockey sobre hielo entre los Canucks de Vancouver y los Bruins de Boston terminaría con una victoria local y una fiesta épica. Pero la derrota de los Canucks degeneró en violentos disturbios en los que centenares de personas arrasaron durante horas áreas del centro de Vancouver, quemando vehículos y saqueando establecimientos comerciales. La orgía de violencia quedó reflejada en centenares de fotografías y vídeos que los propios alborotadores tomaron con sus cámaras y teléfonos móviles y posteriormente mostraron con orgullo en redes sociales como Facebook o Twitter. Para muchos canadienses, las escenas de violencia desenfrenada se han convertido en una afrenta nacional y muchos han pedido a los ciudadanos que hagan todo lo posible para identificar y avergonzar a los culpables. La primera autoridad en iniciar la caza fue la primera ministra de la provincia de Columbia Británica, Christy Clark, que al día siguiente pidió a quien tuviese imágenes de los alborotadores que las hiciese públicas para avergonzar a los autores de los daños. "Vamos ha hacer todo lo posible para que la gente sepa quien eres. Tu familia, tus amigos, tu jefe sabrá que tomaste parte", dijo. Por su parte, el jefe de policía de Vancouver, Jim Chu, calificó a los alborotadores de "anarquistas y delincuentes" y no como seguidores de los Canucks, a pesar de que las fotos y vídeos muestran a la mayoría de los autores de actos violentos con vestimenta del equipo de hockey local. El sector privado también se ha unido a esta campaña. La Corporación Aseguradora de Columbia Británica ha ofrecido a la policía de Vancouver su software de reconocimiento facial para identificar a los responsables. La respuesta de los ciudadanos ha sido tal que en varias ocasiones las cuentas de correo electrónico de la policía de Vancouver han sido incapaces de soportar el peso de las miles de imágenes y fotos de los disturbios facilitadas por los habitantes de Vancouver. Pero los "vigilantes" de Vancouver no se limitan a entregar a la policía la imágenes de los supuestos autores, sino que han empezado a colgarlas en la red, siguiendo el consejo de Clark de "nombrar y avergonzar" a los protagonistas. En algunos casos, las familias de los supuestos protagonistas de los disturbios están recibiendo llamadas amenazadoras. Ese ha sido el caso de Nathan Kotylak, un joven de 17 años que fue identificado como el seguidor de los Canucks que colocó un trapo encendido en el depósito de gasolina de un coche policial que posteriormente estalló en llamas. Kotylak pertenece a una destacada familia de Vancouver, estudiante en una prestigiosa escuela privada de Columbia Británica y atleta de elite, integrante del equipo canadiense juvenil de waterpolo. Según los medios de comunicación locales, Kotylak fue denunciado por compañeros del equipo de waterpolo. Alguien publicó el número de teléfono familiar y desde entonces reciben llamadas amenazadoras hasta el punto que sus padres han tenido que abandonar su domicilio. El sábado, Kotylak, que ha sido suspendido del equipo nacional de waterpolo, se disculpó entre lágrimas ante las cámaras de televisión por sus acciones durante los disturbios. Su caso es un ejemplo de la intensa presión social que ha provocado que en varios casos, amigos y familiares, y hasta una madre, hayan denunciado ante la policía a las personas que aparentemente aparecen en las imágenes. Al menos seis personas se han entregado ya a la policía y han reconocido su participación en los disturbios. Para algunos, la campaña de venganza ha ido demasiado lejos. La Asociación de Libertades Civiles de Columbia Británica ha expresado su preocupación porque en muchos casos las imágenes pueden ser malinterpretadas y personas que no formaron parte activa de los disturbios pueden ser acusadas erróneamente.

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