Extravagante y alegre, Deion Sanders va al Salón de la Fama

Su ingreso al Salón de la Fama, el sábado por la noche, coronará su grandeza. El hecho de que lo haya logrado en la primera vez que apareció en las papeletas de votación no es sino la ratificación...
 Su ingreso al Salón de la Fama, el sábado por la noche, coronará su grandeza. El hecho de que lo haya logrado en la primera vez que apareció en las papeletas de votación no es sino la ratificación de que figuró entre los mejores jugadores
Irving, Texas -
  • El sábado ingresará al Salón de la Fama

Seguro alguien puede imaginar esta escena: Deion Sanders marcha orgulloso por el escenario, levantando las piernas y dando vueltas alrededor de un busto con su imagen, recién develado. Lo escudriña curioso, como si algo le faltara. Luego, mete la mano en un bolsillo, del que saca una gorra sin visera, para colocarla en la cabeza de la estatua, antes de sonreír satisfecho. ¿Por qué no? Incluso actualmente, muchos años después del pináculo de su carrera, Sanders sigue siendo extravagante, alegre y espectacular. Durante 14 temporadas, Sanders impuso su sello en la NFL. Era una amenaza de anotación —o al menos de caos— en la defensiva, los equipos especiales y ocasionalmente el ataque. Su talento era innegable, aunque muchas veces fue eclipsado por sus desplantes heterodoxos. Su ingreso al Salón de la Fama, el sábado por la noche, coronará su grandeza. El hecho de que lo haya logrado en la primera vez que apareció en las papeletas de votación no es sino la ratificación de que figuró entre los mejores jugadores de la década de 1990 y fue quizás uno de los más dinámicos de la historia. Es además uno de los más peculiares, que imponía modas y cuyo legado sigue siendo evidente cada domingo. "Deion tenía la capacidad no sólo de enfocarse en sus talentos y jugar al fútbol (estadounidenses) al máximo nivel, sino que también era divertido", dijo Eugene Parker, agente y amigo cercano de Sanders, quien lo presentará a la hora de su entronización en Canton, Ohio. "Siempre decía: 'hago lo que amo y amo lo que hago'. Quería expresar ese júbilo por lo que hacía". La primera vez que devolvió un despeje en la NFL acarreó el ovoide 68 yardas para un touchdown. Anotó en 22 ocasiones y en cinco formas distintas —19 como jugador defensivo y de equipos especiales, la mayor cantidad en la historia de la NFL. Devolvió dos interceptaciones al menos 90 yardas hasta la zona prometida en una sola campaña, otro logro inédito. Formó parte del equipo ideal de la década de la NFL en los 90, como cornerback y encargado de la devolución de despejes. Pero todos esos logros son sólo renglones de su currículum. No hablan del tipo de amenaza que representaba durante sus mejores años. Ello se manifestaba en el sentimiento que tenían los aficionados, rivales e incluso compañeros cada vez que un balón iba hacia donde él estaba. Todos aguantaban la respiración para ver qué hacía el astro. Sanders tenía la rapidez y la movilidad para pasar por zonas muy transitadas y enfilarse hacia la zona de anotación. Y era entonces cuando comenzaba el espectáculo. Lo que otras generaciones consideraban una burla al rival vencido, era para Sanders un arte escénica. Colocar el balón detrás de su cabeza o hacer distintos pasos de baile estaba en su repertorio de diversión. Quería ser más que un gran jugador, alguien que por sí solo valiera el precio del boleto. Sólo había dos opciones con él, amarlo u odiarlo. "Deion hizo de todo", recordó Parker. "Soñaba lo imposible, y luego salía a hacerlo. No se limitaba o definía por las opiniones de alguien". Luego de consolidarse como una estrella con los Falcons de Atlanta, Sanders quiso demostrar que era algo más que un estupendo jugador en un equipo mediocre. Así, se marchó a los 49ers de San Francisco, con el objetivo de poner fin al reinado de dos años de los Cowboys de Dallas como campeones del Super Bowl. Fue elegido como el mejor jugador defensivo de la NFL en aquella temporada. Los 49ers lo ganaron todo, eliminando a los Cowboys en un clásico en la final de la Conferencia Nacional, donde Sanders tuvo una actuación memorable contra Michael Irvin. Al año siguiente, para probar que él era quien marcaba la diferencia, Sanders se unió a Irvin y a los Cowboys, y los ayudó a recuperar el título del Super Bowl. Fueron dos temporadas, dos equipos y dos títulos, entre los que medió un bono por su contratación, por 12.999.999 dólares. Y hay algo más. En sus ratos libres, jugó como jardinero de las Grandes Ligas y lanzó un disco de rap, con canciones como "Y U NV Me" (Me tienes envidia) y "Must be the Money" (Debe ser el dinero). Sanders jugó en la NFL entre 1989 y el 2000. Tras un retiro, jugó en el 2004 y 2005. En las Grandes Ligas, jugó de 1989 al 95 y de nuevo en el 97 y en el 2001

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas
×