Las rudas del Tri van por boleto Olímpico

Selene Sifuentes dio tres pasos con el balón en la mano seguidos de un salto vertical, se suspendió un segundo en el aire, ambas piernas dobladas hacia atrás, y con todas sus fuerzas anotó un gol...
Selene Sifuentes dio tres pasos con el balón en la mano seguidos de un salto vertical, se suspendió un segundo en el aire, ambas piernas dobladas hacia atrás, y con todas sus fuerzas anotó un gol para Nuevo León.
 Selene Sifuentes dio tres pasos con el balón en la mano seguidos de un salto vertical, se suspendió un segundo en el aire, ambas piernas dobladas hacia atrás, y con todas sus fuerzas anotó un gol para Nuevo León.
Ciudad de México -
  • Buscan más apoyo para el balonmano femenil en México 

Selene Sifuentes dio tres pasos con el balón en la mano seguidos de un salto vertical, se suspendió un segundo en el aire, ambas piernas dobladas hacia atrás, y con todas sus fuerzas anotó un gol para Nuevo León. Sus cinco colegas (menos la portera) corrieron a chocar con ella la misma mano con la que metió el tanto que les daba la ventaja ante el conjunto de Guanajuato.

Su experiencia como seleccionada nacional de balonmano, así como de ser ex jugadora del Elche Mustang de Primera División en España, le provocaron la sensación de querer lamerse los labios al sentirse nuevamente pisando la final del nacional --que se lleva a cabo cada año-- y que ha ganado ya en cinco ocasiones (con ésta).

A pesar de la escasa porra, Selene es una mujer que como muchas, lucha cada día por dejarlo todo en la duela: “me siento como una azteca con hambre de triunfo cuando juego”, dice. Su objetivo es hacer visible lo invisible: el balonmano femenino en México.

Hace cuatro décadas el balonmano femenino debutó en los Juegos Olímpicos de Montreal (sólo un ciclo olímpico después que los hombres). El contagio de la disciplina, que resulta ser un híbrido de basquetbol y del soccer y que se inventó en Alemania, no tardó en llegar a México. Lo que sí se retrasó muchos años fue la clasificación al primer preolímpico, que se consiguió por primera vez en el camino rumbo a Río de Janeiro 2016.

Mónica Piña lleva cuatro años como entrenadora de la Selección Nacional femenina de balonmano y es asistente desde el 2006. Da una explicación de por qué México sueña por primera vez con unos olímpicos: “De regreso de los Juegos Panamericanos, donde quedamos en cuarto lugar, pude hacerle ver a los directivos de CONADE que fuimos el equipo que menos apoyo económico tuvo pero que –después del futbol— el que mejor colocado quedó en cuanto a los deportes de conjunto de mujeres. A partir de ahí nos dijeron que habría más apoyo”.

De hecho, debido a que en el pasado Mundial de la especialidad (en diciembre del 2015), Brasil –el mejor conjunto de Latinoamérica--, logró clasificar, pudieron quedar libres dos lugares para países de América y precisamente fueron los mejor posicionados de los Panamericanos: Uruguay, que quedó en tercero y México.

Ahora viene la parte más complicada de la montaña: “El Preolímpico es un torneo muy difícil, porque son equipos europeos: Polonia, Suecia y Rusia. Ellas tienen torneos cada fin de semana aparte de que su estructura está más avanzada que la de nosotros, sin embargo nuestra mentalidad es ir a meternos a los Juegos Olímpicos”. Mónica, también ex seleccionada nacional, no va por menos aunque cuatro de las jugadoras seleccionadas que estuvieron en Toronto no podrán asistir debido a que en sus trabajos no les dan permiso.

Selene mide 1.61 metros y el promedio de 1.80 metros de estatura con el que las europeas se paran en la cancha, no le asusta. Sin embargo, es algo en lo que la entrenadora sí hace hincapié: “A veces siento que nuestra estructura morfológica sí pesa en las competencias internacionales, tenemos muy pocas altas y más mujeres bajitas”. Por eso una de las mejores pagas para ella es “un proyecto que se hace en el Centro de Alto rendimiento (CNAR) donde tenemos chicas de 14 a 17 años ya con una estatura de 1.65 promedio, les dijimos que ahí se van a quedar porque son las semillas del handball; sí nos vamos a tardar unos cuatro a seis años para que maduren, crezcan y compitan, pero subiremos la estatura en nuestra selección”.

De acuerdo a la misma entrenadora, el balonmano en México “ya está organizado, hay un programa que empezó desde principios de los ’90 en las escuelas de la Ciudad de México” e incluso “aproximadamente desde hace cinco ya se practica en todo el país pues se hacen clasificaciones por estado y se enfrentan en el nacional. Pasa tanto en escuelas públicas como privadas, la disciplina está por todas partes y en distintas categorías”.

A pesar de que la gran mayoría aún prefiere ver y practicar el deporte de los goles con el pie, el balonmano empieza a buscarse un espacio en la oferta deportiva mexicana.

Y ha tenido grandes representantes: nombres como los de Graciela Muñoz, Berenice Esquivel y Adriana Flores (desconocidos para el medio deportivo en general, pero con reconocimiento en el handball del país), que fueron las primeras mexicanas que partieron al extranjero a jugar la disciplina en Alemania, han dejado huella junto con el nombre de Selene, que a sus 28 años es la que más contratos ha logrado concretar (además del Mustang ha jugado con el Beti Onak y el Itxako españoles). “El balonmano es un deporte muy atractivo, lucido y divertido” la regiomontana lo describe “es un deporte de amigos y de guerra”. Y va más allá: “Si queremos que sea más generalizado deberíamos empezar por la difusión”.

Así el balonmano que se juega en una cancha de 40x20 y que “aún es confundido por algunos con el Jai Alai”, como dice con una sonrisa la entrenadora, es un deporte sin reflectores que lucha por ganarse sus primeras luces. Esta selección femenil no deja de soñar con Río.para tener mejores resultados”.

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