Crónica de una victoria inesperada

Ernesto Ramírez Navarrete narra a través de "Crónica de una victoria inesperada" su experiencia en la carrera de montaña que describe como introspectiva y personal. La competencia se realizó el 28...
Ernesto Ramírez Navarrete narra a través de "Crónica de una victoria inesperada" su experiencia en la carrera de montaña que describe como introspectiva y personal. La competencia se realizó el 28 de septiembre en El Zarco y La Marquesa.
 Ernesto Ramírez Navarrete narra a través de "Crónica de una victoria inesperada" su experiencia en la carrera de montaña que describe como introspectiva y personal. La competencia se realizó el 28 de septiembre en El Zarco y La Marquesa.
Estado de México -
  •  Ernesto Ramírez Navarrete narra a través de su historia una victoria que nunca imaginó

... el sendero terminó en un camino ancho donde pudimos empezar a correr. Soltar esa necesidad de trotar, en un camino propicio, dentro del bosque lluvioso, me hizo sentir que al fin iniciaba la carrera ...

La carrera de montaña es un experiencia muy introspectiva, y personal. El Trayecto de "Largo y sinuoso camino", que se realizó el 28 de septiembre en El Zarco y la Marquesa del Estado de México, es extraordinario, el bosque lluvioso, la niebla en los árboles, los caminos solitarios sin basura, caídas de agua al lado del camino, los sonidos de la naturaleza... y cuando quedas aislado de los otros corredores, la sensación de libertad es maravillosa.

La salida estaba programada a la 9 de la mañana, y desde luego había que estar ahí antes, así que, llegué alrededor de las 8:00 h, acompañado de Elida (mi esposa) y mis hijos. También venía con nosotros Claudia la novia de mi hijo mayor.

La señal de salida se demoró algunos minutos y a los pocos metros de la línea de arranque entramos en el bosque por un sendero estrecho, que permitía una fila de solo una persona. El terreno, muy accidentado y con importante pendiente en ascenso, permitía caminar aprisa pero no correr, por aproximadamente un kilómetro y medio.

Cuando pudimos empezar a trotar, fue en un camino de montaña más o menos plano cortando la ladera en medio del bosque. Así fuimos por aproximadamente cuatro a cinco kilómetros. Algunas pequeñas irregularidades con un par de cruces de arroyos pequeños, que apenas mojaron los tenis.

Al llegar al kilómetro siete encontramos el primer puesto de abastecimiento. No me detuve, la bolsa de agua que cargo en el Camelback es de dos litros y me tolera muy bien más de 10 Km. Pero ahí empezó la subida, por cerca de tres y medio kilómetros, el trote se hace lento y finalmente bajé los bastones y eche a andar a buen paso. Un kilómetro antes de llegar al segundo puesto de abastecimiento (Km 11.5), el camino vuelve a tener una discreta pendiente descendente que permite reanudar la carrera.

En el segundo puesto de abastecimiento decidí ir por los 33 km. Desde el inicio era la intención, pero aquí se podía optar por regresar y completar solamente 23 km. El trayecto al 4º Dinamo es una bajada clavada de 5 km, que me permitió correr velozmente, aunque con la conciencia del regreso... sólo subida...

Y así fue... la caminata de subida fue larga y fatigosa ... Afortunadamente emparejamos el paso con un corredor de nombre Ramón, médico veterinario, y la charla aligeró este tramo tan difícil de la carrera. En el último kilómetro Ramón tomó mejor ritmo que yo y se adelantó.

Al llegar al puesto de abastecimiento de los 11.5 km, sabía que quedaba todo esto por recorrer, pero ya recorridos 21.5 km, la energía regresa. Y aunque quedaran algunos tramos de subida, había un buen descenso. Comí una barra energética, recargué agua para ya no parar y adelante...

Es muy claro para el corredor de montaña que los últimos 10 kilómetros son muy diferentes de los primeros 10. Ahora el ligero descenso de la ida de poco más de un kilómetro, fue un trayecto para caminarlo. Cuando me preguntan ¿por qué cargo los bastones? Pues es justo para esos trayectos. Luego de ese kilómetro, la bajada... me di vuelo. Y alcancé a mi recién conocido amigo Ramón metros antes del puesto de abastecimiento del kilómetro siete.

Los kilómetros finales en la montaña, los completas con más voluntad que fuerza. Y ahora el trayecto plano, que con tanta alegría ataqué al inicio, resultaba no sólo difícil sino interminable. Pero me propuse trotarlo, no caminarlo.

Casi por volver a caminar encontré la vereda inicial, ahora en descenso.  Ahí sólo se puede correr rápido, con riesgo de lastimarse un tobillo, así que fue un descenso frenando, me rebasaron tres corredores en este tramo.

Al salir del bosque, vi que uno de los que recién me había pasado sólo me adelantaba unos 50 metros. Con fuerza renovadas, aceleré, y aunque por momentos pensé que no podría alcanzarlo antes de la meta... logré pasarlo en los últimos metros... pura vanidad... pero al fin la carrera de montaña, te lleva la vanidad de vencer el cansancio y el dolor.

Y luego la sorpresa, porque nunca fue el objetivo ni siquiera un sueño remoto... La juez de llegada, se me acerca y me dice "no se vaya, creo que alcanzó un premio" Ni lo tomé muy en serio... Mi hijo menor (de casi 13 años), que no suele ser muy sutil, me dijo, "papá, ¿a poco le dan premio a lugar 48?", y tenía razón, él había visto llegar a muchos corredores antes que yo.

Así que cuando me confirmaron 2º lugar de mi categoría (50 a 54 años), no me lo acababa de creer. Un día completo... correr 33 km en la montaña, compartir la experiencia con mis personas amadas, y luego ofrecerles verme subir al podio. Gracias a mi hermosa familia por acompañarme.

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