La experiencia de Mediotiempo en el Split 6k

Sonó el despertador, el sol aún no da sus primera señales, pues las manecillas marcaban las 05:00 horas, poco usual para despertar en domingo, pero un reto debía cumplirse: correr 6 kilómetros en...
Ciudad de México -
  • El primer Split 6k rumbo al Maratón de la CDMX se realizó en los Viveros de Coyoacán

Suena el despertador, el sol aún no da sus primera señales, pues las manecillas marcan las 05:00 horas, poco usual para despertar en domingo, pero un reto debía cumplirse: correr 6 kilómetros en el Split de Adidas rumbo al Maratón de la Ciudad de México.

Un baño para terminar de despertar y un poco de alimento para sobrevivir; después, colocarle el número 469 a mí playera verde limón, ponerme una chamarra y amarrar las agujetas de mis tenis color morado antes de tomar el taxi que me trasladaría a los Viveros de Coyoacán, donde en la calle de Progreso ya esperaba la salida y la meta de esta aventura.

Un frío nada agradable, pero la motivación de cientos de personas calentando para iniciar el recorrido al balazo de salida era más que suficiente para sobrevivir al clima. Un par de fotos y un tuit previo, fueron parte de mi ritual. La hora de salida llegó y el ‘playlist’ no podía faltar, así como el cronómetro para medir el tiempo de la aventura de correr, misma que inició hace dos años, cuando me entró la curiosidad por vivir dicha experiencia.

Un ¡vamos, sí se puede! Fueron parte de los gritos de los acompañantes a la carrera (aunque yo no llevaba porra jaja). El sol ya iluminaba el cielo, y así comenzamos a recorrer cada uno de los kilómetros. Pasé el primero y dije: "venga, ya falta menos"; era obvio que mi velocidad no era la de un experto, pero sí la necesaria para cumplir con el objetivo, ya una vez recorrida una parte de avenida Universidad y el segundo kilómetro fue superado.

Las mesas con agua para la hidratación ya esperaban a los corredores y ayudó para tomar más velocidad. El tercer y cuarto kilómetro fueron superados al pasar por avenida Miguel Ángel de Quevedo. Dos kilómetros y la sonrisa era más grande, pues ya faltaba poco para la meta. De nuevo un ¡venga, ya falta menos! Eran los gritos de apoyo de la gente y los encargados de vigilar a los corredores. De nuevo regresamos por Universidad para tomar Progreso y se superó el quinto kilómetro.

Sólo uno faltaba y la velocidad aumentó, pues la meta se alcanzaba a ver de lejos; un par más de letreros que indicaban que solo faltaban 500 metros y 300 metros. Al final, el sol iluminaba mi cara y gente que aunque ya iba de regreso con su medalla, no dejó de animar a los que estábamos a nada de cruzar la meta, y así fue, ¡se logró el objetivo! En poco más de 30 minutos, se cruzó la meta y la recompensa llegó, más que una medalla que corona el esfuerzo, es la satisfacción de no rendirse.

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