¿El título cómo sea?

Entiendo que la gente de Tigres asuma el tema casi como un ataque personal, pues el entusiasmo que les genera estar cerca de conquistar un título de Liga tras más de 29 años de sequía es genuino.

Entiendo que la gente de Tigres asuma el tema casi como un ataque personal, pues el entusiasmo que les genera estar cerca de conquistar un título de Liga tras más de 29 años de sequía es genuino y las críticas al estilo de juego les parecen minucias casi de mala intención queriendo arruinar un momento muchas veces esperado.

Está claro que la escuadra que administra CEMEX ha hecho los merecimientos para llegar a donde está. Se trata del equipo que más puntos sumó en la Liga mexicana en todo el 2011, con una solidez defensiva notable y un ataque de gran potencial. Hombre por hombre es uno de los elencos más importantes no sólo del país, sino del continente. Su cotización supera los 30 millones de euros, lo que le ubica como la segunda nómina más costosa en el futbol azteca sólo superada por la del Monterrey, y su técnico, aún con su mal genio y su criticada filosofía de juego,  es uno de los más reconocidos en el medio local y por algo está a punto de cumplir 800 partidos de Liga y Liguilla en casi 20 años ininterrumpidos vinculados a cinco equipos de la Primera División Nacional.

Además la empresa cementera que lo administra seguramente es la que más ha “invertido” en el futbol mexicano en la última década, igualando o tal vez superando las insultantes cifras que gastaron los dueños de América o Cruz Azul, no sólo en futbolistas y entrenadores, sino en torpes dirigentes.

Y sin acudir a la frase trillada e incomprobable de tener “a la mejor afición”, sin duda Tigres cuenta también con el respaldo de una buena cantidad de seguidores, muy apasionados y fieles, que cada 15 días llenan el Estadio Universitario, incluso sin importar la marcha que lleve el equipo.

Es decir los felinos cuentan con todos los elementos para ser un digno campeón, más allá del lugar común periodístico que regala dignidad a cualquier equipo que alce el trofeo o incluso al que lo pierda en el gran juego.   Con esa misma claridad y contundencia habría que decir que Tigres también tiene los ingredientes suficientes para jugar de otra manera y aspirar a lo mismo que hoy pretende. Es una falacia que haya que renunciar a ofrecer un espectáculo para ser campeón y resulta muy cuestionable que ante un rival evidentemente inferior como Querétaro, no haya sido capaz de imponer condiciones con autoridad teniendo un plantel mucho mejor y un mayor tiempo de trabajo y compenetración.

Jugar a la segura, reduciendo al máximo los riesgos, concentrando más energías para neutralizar al rival que para hacerle daño, priorizando el orden defensivo y las tareas que se realizan sin pelota es una apuesta válida y hasta sensata para equipos de potencial inferior. Se puede entender que Querétaro le juegue así a Chivas, o que Levante lo haga ante el Madrid, o el Getafe frente al FC Barcelona, pero cuesta comprender que lo haga este equipo de Tigres, aun conociendo perfectamente el estilo del “Tuca”, que no siempre ha sido tan “amarrete”. En otras ocasiones, cuando tuvo planteles importantes como el de las Chivas, Ricardo demostró que no necesariamente tiene que jugar como hoy lo hace.

Hay una trampa conceptual en quienes defienden esta apuesta como el sacrificio necesario que hay que hacer para acceder al título. Es mentira que haya que plantear los juegos así para ser campeón, mucho menos con el potencial de Tigres, y también es falso que Ferretti sea un especialista en ganar campeonatos “aburriendo” a parcialidades propias y ajenas.  El propio “Tuca” y su historial así lo dejan ver. En 26 Liguillas ganó sólo dos trofeos, y al menos uno de ellos, con el Guadalajara en el Verano 1997, no fue con un futbol tan opaco. Por eso me niego a validar los comentarios de quienes, con el resultado puesto, dicen que esa es la única forma de acceder a ellos.

Esperemos que Tigres procure jugar de otra forma la serie definitiva ante Santos Laguna y dé brillo al feliz desenlace que pretende. Esa misma afición que quiere ver a su club campeón “como sea” merece una coronación sin peros ni medianías. De lo contrario, en caso de sumar su tercera estrella, este equipo entrará a los libros de historia sin hacer parada en la memoria de los aficionados al futbol espectáculo, entre los que hay muchos que hoy simpatizan más con el Santos Laguna, que sin ser la gran maravilla, enseña las uñas para atacar más que para defenderse.

También es cierto que las Finales entregan más tensión que juego, más nervio que entretenimiento. El deseo es que al menos la protagonicen dos equipos que le saquen el mayor provecho a todas sus armas, que en ambos rivales son muchas. En el caso de Tigres no se trata de “improvisar” a la hora buena, sino de soltar al equipo como lo hizo en lapsos de algunos partidos en este Torneo y en el inicio de la serie de Cuartos de Final ante Pachuca en el Hidalgo. También así se ganan campeonatos. Es innecesario renunciar a la belleza para garantizar la eficacia, aunque ese verso sigue prevaleciendo inadmisiblemente en quienes no abren los ojos para ver más allá de lo inmediato.

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