Una triste afición del Madrid despidió con aplausos a su equipo

En las afueras del Bernabéu los aficionados cantaban "Hala Madrid" y "como no te voy a querer", tan popular en Madrid como en Ciudad Universitaria. Los pronósticos oscilaban entre el 3-0 y los...
En las afueras del Bernabéu los aficionados cantaban "Hala Madrid" y "como no te voy a querer", tan popular en Madrid como en Ciudad Universitaria. Los pronósticos oscilaban entre el 3-0 y los penales.
 En las afueras del Bernabéu los aficionados cantaban "Hala Madrid" y "como no te voy a querer", tan popular en Madrid como en Ciudad Universitaria. Los pronósticos oscilaban entre el 3-0 y los penales.
  • La noche se volvió mágica en los últimos 15 munutos

“Hoy vamos a ganar 5-1 y Cristiano va a meter un hat-trick” sentenciaba “Josete” antes del partido. Con su esposa Mónica volaban de Barcelona hacia Madrid para alentar al equipo de sus amores. Sus palabras eran el eco de las de millones de fanáticos merengues que confiaban en la Operación Remontada, como había bautizado la prensa madrileña al intento de los de Mourinho de darle la vuelta a la lapidaria derrota 4-1 sufrida en Dortmund.

En las afueras del Bernabéu los aficionados cantaban “Hala Madrid” y “como no te voy a querer”, tan popular en Madrid como en Ciudad Universitaria. Los pronósticos oscilaban entre el 3-0 y los penales, pero siempre con triunfo blanco y siempre con tres goles de su gran estrella. Nadie dudaba, nadie desconfiaba.

Y el inicio del partido parecía darles razón. El Real Madrid encadenó tres oportunidades clarísimas en los primeros quince minutos y parecía cuestión de tiempo antes de que cayera el primer tanto merengue. Y entonces, se secó la cascada. La afición, que apoyaba y empujaba con todas sus fuerzas en un inicio, empezó a caer en la desesperación y el Bernabéu pasaba de caldera a cementerio. En realidad, no todo el estadio. En una cabecera, unos 2000 seguidores alemanes tuvieron la noche de sus vidas. Nunca pararon de cantar y nunca pararon de celebrar.

 Al medio tiempo, el discurso de los aficionados había cambiado. “Les falta sangre”, afirmaba Roberto, un madrileño que había visto pasar por el estadio a equipos blancos más afortunados. “¿Cómo pensábamos que iban a ganar después del desastre de Dortmund? Pero seremos gilipollas”, afirmaba su compañero, que prefirió no dar su nombre.

En la segunda mitad, los sustos estuvieron del lado merengue, mientras que el portero alemán, Wiedenfeller, tenía casi un día de campo. De pronto, Cristiano Ronaldo alimentó la ilusión local, pero su disparo se fue por encima. Crueles como sólo pueden ser los ganadores, los aficionados alemanes cantaron “Meeeessi, Meeeeessi” mientras los locales se lamentaban tener que esperar por lo menos otro año para soñar con la famosa Décima Champions, que tanto les escapa. 

Y entonces llegó el gol, y llegó la ilusión. “¡Venga, venga, vamos!” gritaban desde la tribuna. Y después llegó el segundo. Y llegó la locura, todos confiaban, todos empujaban y todos alentaban, como no lo habían hecho durante el resto del encuentro. Y cuando el árbitro pitó el final, aplaudieron, como para reconocer un esfuerzo insuficiente, tanto desde el campo como desde la tribuna.

 

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