EPT Copenhague: victoria para Anton Wigg tras una final maratoniana

Acabó a altas horas en la segunda temporada, presenciamos el duelo Grospellier y Petersson en la tercera, y una maratón de cinco horas en la cuarta.
Acabó a altas horas en la segunda temporada, presenciamos el duelo Grospellier y Petersson en la tercera, y una maratón de cinco horas en la cuarta.
 Acabó a altas horas en la segunda temporada, presenciamos el duelo Grospellier y Petersson en la tercera, y una maratón de cinco horas en la cuarta.
  •  En un duelo cara a cara de tres horas y tres cuartos de duración

Copenhague nunca se ha conformado con una final de ocho jugadores, ocho horas, muchas gracias. Acabó a altas horas en la segunda temporada, presenciamos el duelo Grospellier y Petersson en la tercera, y una maratón de cinco horas en la cuarta. El Casino Copenhague parecía haberse deshecho de la maldición que le acechaba cuando Jens Kyllonen ganó fácilmente el año pasado. Pero la sexta temporada ha demostrado que el maleficio sigue ahí, que sólo se había tomado un año sabático. Anton Wigg, un joven de 22 años de Estocolmo, clasificado en PokerStars, ganó 3.675.000 DKK ayer (493.754 €) después de una mesa final llena de momentos intensos, pero separados por largos periodos de folding constante. En un duelo cara a cara de tres horas y tres cuartos de duración contra Francesco De Vivo, el sueco finalmente puso a hibernar a uno de los EPT más largos de la historia. En algunos deportes, la final de ayer se hubiese decidido por puntos, pero el juez danés decidió que éste continuaría hasta la muerte. Fue la perseverancia de Wigg la que lo ganó. Una vez en el heads-up Wigg empezó a robar lentamente la pila de De Vivo, el que una vez fue jugador italiano del año. Eso fue así hasta los 90 minutos, momento en que un siete-ocho ligó en el turn para revivir a De Vivo contra el as-diez de Wigg. Pero nunca pareció que Wigg fuera a dejar escapar el título. Pagó el siguiente all-in de De Vivo una hora más tarde y sus damas parecían buenas. Pero De Vivo tenía un as y ligó dos más en el flop. Fue un golpe difícil de superar, pero Wigg nunca se resignó al destino que los dioses del poker le tenían preparado. Se dobló rápidamente con as-jota, y después otra vez con reyes, para poner las cosas en su sitio. Entonces recuperó el liderato por tercera vez. Después de perder dos veces, Wigg se aseguró de que a la tercera iba la vencida. De Vivo se jugó el resto con K♦T♠ por un total de 5.365.000 y Wigg pagó con A♥J♦. Los más cínicos auguraron otra resurrección, pero no sucedería esta vez. La mesa trajo un proyecto de escalera para De Vivo, pero sólo para poner un poco de emoción. Finalmente la baraja descubrió Q♥9♥Q♦2♦8♥ y el as-jota de Wigg aguantó, entregándole a este el primer premio y un asiento para la Gran Final de Monte Carlo, y dejó a De Vivo en segundo lugar con 2.275.000 DKK. "Es maravilloso," dijo Wigg, admitiendo que fue una mesa final muy dura, pero también que llegó al casino con mucha confianza ayer por la tarde. "Estaba aquí para ganar." Sobre De Vivo, dijo: "Creo que ha jugado muy muy bien, pero estaba un poco pasivo en el cara a cara." Fue un inicio poco "habitual", con nueve jugadores en lugar de ocho, pese a no ser estos los finalistas oficiales. Tardamos más de cuatro horas en conocer al "chico burbuja", incluidas las dos horas de la noche anterior. Finalmente fue Magnus Hansen el eliminado, y lo "oficial" pudo comenzar. Dos horas más pasarían antes de que cayera el octavo clasificado. Si el EPT Copenhague requiere paciencia, Jesper Petersen la tuvo a raudales. Esperó hasta que no tuvo alternativa, pero no pudo superar el punto de inflexión. Morten Guldhammer duraría una hora más. Guldhammer jugó todas las manos en modo de ataque, sin miedo, pagando apuestas grandes y luchando de forma heroica cada ficha. Al final caería en séptimo lugar después de perder una serie de manos enormes, algunas fruto de la mala suerte, otras de donaciones voluntarias, que acabaron por extinguir la pila de Guldhammer. Tras la rendición de Guldhammer, Anton Wigg tomó las riendas de la partida, y se encargaría con sus propias manos de eliminar a Roberto Romanello en sexto lugar. Roberto hizo el 4-bet con 9♥8♥, pero no contó con que Wigg tenía ases. Romanello parecía devastado y aún era difícil consolarlo algunas horas más tarde. Al final caería en séptimo lugar después de perder una serie de manos enormes, algunas fruto de la mala suerte, otras de donaciones voluntarias, que acabaron por extinguir la pila de Guldhammer. Tras la rendición de Guldhammer, Anton Wigg tomó las riendas de la partida, y se encargaría con sus propias manos de eliminar a Roberto Romanello en sexto lugar. Roberto hizo el 4-bet con 9♥8♥, pero no contó con que Wigg tenía ases. Romanello parecía devastado y aún era difícil consolarlo algunas horas más tarde. Después de haberse quedado tiritando al perder un all-in contra Yorane Kerignard, perdió el resto, menos de una ciega, contra Francesco de Vivo en la mano inmediatamente siguiente. Diez minutos más tarde Kerignard le seguiría, víctima de Wigg. Finalmente, cuando quedaban sólo tres jugadores, De Vivo podía respirar tranquilo, ya que sería el de nuevo el propio Wigg, y su J♣9♣, el que acabaría con las esperanzas de Morten Klein y su A♣T♦ en un abrir y cerrar de ojos, al ligar una escalera en el river.

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