Enriqueta Basilio y sus historias desconocidas

Enriqueta Basilio, y sus historias desconocidas
 Pocos saben lo que tuvo que pasar antes y después de subir las 93 escalinatas en el Estadio Olímpico Universitario.  (Foto: Jonathan Collazo, Jonathan Collazo (MT))
  • Para salir de C.U. en México ‘68, tuvo que hacerlo con un uniforme de intendencia
  • El día de la inauguración, un militar hizo el cambio de antorcha debido a la seguridad
Ciudad de México -

Enriqueta Basilio es conocida en todo el mundo por ser la primera mujer en encender el pebetero en unos Juegos Olímpicos.

Sin embargo pocos saben lo que tuvo que pasar antes y después de subir las 93 escalinatas en el Estadio Olímpico Universitario, la tarde del 12 de octubre de 1968, para iniciar el fuego olímpico, en la que fue la edición número 19 de la justa internacional.

EL CAMBIO DE RELEVISTA: DE UN ATLETA A UN MILITAR

Antes de tomar la antorcha para realizar el último trayecto rumbo al pebetero, Enriqueta se vio sorprendida, pues la persona con la que había ensayado el cambio no fue la que le hizo el relevo afuera del Estadio Olímpico.

“No supe quién era, era un militar, no sé cómo se llamaba”, dijo la exatleta originaria de Mexicali, Baja California, quien agregó que cuatro o cinco veces había ensayado ese movimiento con otro deportista. Pero en el gran día los organizadores decidieron sustituirlo por un militar.

Sin tener información precisa del por qué se dio el cambio, ella cree que fue por el momento complicado que se vivía en México.

“Se hablaban muchas cosas, se pensaba que podría haber problemas por todo lo que se estaba viviendo en México en ese momento”, y pese a que hasta hubo un cambio de ruta ya dentro del estadio, recuerda que fue tal su concentración, que olvidó todo por espacio de unos minutos, para hacer un perfecto papel en la inauguración de México ‘68.

SALIÓ DE CU ‘DISFRAZADA’ DE PERSONAL DE INTENDENCIA

Ya con el pebetero encendido Enriqueta bajó y se quedó en la base hasta que terminó la ceremonia. Esperaba el uniforme con el cual abandonaría, el estadio pero nunca llegó.

No quiso pasar entre la multitud con el atuendo con el que protagonizó la inauguración y aceptó el regalo de un empelado de limpieza, que esperaba junto a ella y otras personas a que concluyera el espectáculo.

“Yo me quedé en la base del pebetero hasta que terminó la ceremonia. Además no me subieron el uniforme con el que tenía que salir ¿Cómo iba salir entre la multitud en short?

“Se les olvidó darme el uniforme y se les olvidó que yo tenía que salir vestida de la base del pebetero, tenían preparado un uniforme blanco para que saliera, pero nunca apareció, y un señor, uno de la limpieza del estadio, tenía un overol de esos que usan los trabajadores, y me regaló uno y con ese salí y me quedó perfecto”.

Casi 48 años después, Queta, como le llaman sus conocidos, aún conserva el overol en color gris con vivos verdes. Nunca supo el nombre del señor que se lo regaló, sin embargo no pierde la esperanza de volverlo a ver para recordar aquella tarde del 12 de octubre de 1968 en el Estadio Olímpico Universitario.

“Sí todavía lo tengo. El nombre no lo tengo, y los hemos convocado a reuniones, a todos esos que estuvimos atrás en el pebetero, para contar anécdotas pero no hemos tenido suerte, ahora para el 50 aniversario vamos a ver qué hacemos”.

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