El sorpresivo último relevo del fuego olímpico

Tras recorrer todo Brasil en manos de casi de 12 mil personas, el fuego olímpico llegará este viernes al Estadio Maracaná, en manos del último relevo.
 La antorcha comenzará su recorrido en el velero Aileen, con el que Brasil conquistó una plata en los Olímpicos de Estocolmo 1912.  (Foto: Getty Images)
  • En la historia hubo ya dos portadores del fuego olímpico que entregaron la llama en el estadio tras vivir historias peculiares
Ciudad de México -

Tras recorrer todo Brasil en manos de casi de 12 mil personas, el fuego olímpico llegará este viernes al Estadio Maracaná, en manos del último relevo. Generalmente, se guarda en secreto la identidad del último portador de la llama, quien a su vez, la entregará al encargado de encender el pebetero.

El honor de entrar al estadio durante la Ceremonia de Inauguración, con el fuego procedente de Olimpia, Grecia, es reservado a deportistas destacados del país sede, y aunque el último corredor que lleva el fuego no trasciende siempre como lo hace quien enciende el pebetero olímpico, hubo dos figuras que sobresalieron del deporte, para convertirse en íconos de su historia nacional.

En los Juegos de Tokio 1964, Yoshunori Sakai fue el último portador del fuego olímpico. Sakai no era atleta. Nació el día en que Hiroshima fue bombardeado por Estados Unidos y su presencia en los Olímpicos fue muestra de una generación sobreviviente, pacífica y dispuesta a recibir a todos los deportistas del mundo…sin resentimientos.

En Los Ángeles 1984 hubo mucha expectación por saber quién entraría con el fuego olímpico. Uno de los principales rumores fue que la ex gimnasta Nadia Comaneci -quien para entonces ya se había naturalizado estadounidense- sería la elegida, en honor a su país natal, Rumania, que fue el único del bloque soviético que no siguió el boicot propuesto por Rusia, y asistió a los Juegos; sin embargo, la gran sorpresa fue ver a Gina Hemphill entrar con la antorcha: ella era la nieta del velocista Jesse Owens.

En los Juegos de Seúl 1988, el último relevista de la llama fue Son Gi-Jeong, quien en Berlín 1936 ganó medalla de oro en el maratón y a pesar de triunfar, Son no pudo celebrar como deseaba. En esa época, el Imperio Japonés ocupaba Corea; a los habitantes se es prohibió hablar coreano y en los Juegos de Berlín Gi-Jeong fue registrado con nombre japonés como ‘Kitei Son’ y aunque estaba en el podio en primer sitio, vio ondear la bandera del Sol Naciente. Por ello, revivir su llegada al Estadio Olímpico 52 años después, en los Juegos de Seúl 1988 y como un país independiente, fue significativo para los surcoreanos.

Ya veremos esta noche en Brasil si hay alguna sorpresa para encender el pebetero olímpico.

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