La olla de presión llamada Río 2016

Como siempre, el deporte presenta historias de triunfos y derrotas.
Ciudad de México -

Como siempre, el deporte presenta historias de triunfos y derrotas y en los Juegos Olímpicos en Río no podía ser diferente, todavía no concluye la primer semana de competencias y al momento de escribir esta columna (y todavía con el azúcar por el cielo por los nervios del Tiro con Arco que casi da el bronce)... las medallas no llegan y los deportistas mexicanos son eliminados de las diferentes competencias donde participan.

El Comité Olímpico Mexicano parece decir “que no panda el cúnico”, mientras que el mandamás de la Conade ¡se la está pasando bomba! Estoy seguro que es el único que ha recibido besos, abrazos y románticos arrumacos, en una delegación mexicana en donde todo es tristeza y caras largas. Pero él, tan tranquilo como si no pasará nada, aunque eso es cierto: no ha pasado nada con México en Brasil, y los de "pantalón largo", son grandes responsables de los malos resultados.

Cada día que pasa y no lleguen las medallas (porque eso de que los atletas están mejorando su tiempo o su ranking mundial ¡a la gente le vale gorro!), la presión hará que la olla esté a punto de estallar. Por algo me cuentan varios amigos, que hay mucho enojo en las altas esferas políticas de este país, porque les urge que llegue una medalla que ponga un sabor distinto a todo lo que por aquí pasa.

Que diferencia de otras historias que hemos conocido en estos Juegos de Río. Como olvidar a Rafaela Silva, la brasileña a la que un día su padre la inscribió en un proyecto social de judo, intentando rescatarla de un futuro que veía difícil en la “Ciudad de Dios”, una de las favelas más famosas de Río de Janeiro, ubicada muy cerca del Parque Olímpico y donde la pobreza, las drogas y la violencia se mezclan para convivir desde hace muchos años. Hoy, esa favela se presenta ante el mundo como el lugar de donde salió Silva para darle al país anfitrión su primer oro en Río 2016.

Y qué podríamos agregar sobre el Dios del agua llamado Michael Phelps, el nadador que cada vez que llega a la alberca es únicamente para ganar medallas de oro y hacer más grande su leyenda olímpica. Es un privilegio verlo competir y ser testigos de la historia que al paso de los años valoraremos mucho más.

Historias de triunfo como éstas, hay muchas y sin duda vendrán más, por eso es una pena que la delegación mexicana fracase y fracase, y que conste que las y los atletas no son los únicos culpables. Más que pretextos como el viento, los jueces, las luces, que los clubes europeos no prestan jugadores o ¡porque nos vieron feo! ojalá exista un verdadero análisis deportivo, económico y de autocrítica de los dirigentes deportivos para explicar lo sucedido con los atletas en Río. Además del COM y CONADE por responsabilidad directa, ahora hasta la FEMEXFUT está metida en un broncón después de ser el campeón olímpico y olvidarse de apoyar a su selección, tuvo que salir por la puerta de atrás en Río, después del papelón del 7-0 en la Copa América Centenario.

¡Y luego no quiere ningún directivo que se le critique!.

Vamos México. Ojalá que todavía se pueda algo y que María del Rosario Espinoza o alguna sorpresa, salgan a dar la cara por una Delegación a la que se le acaba el aire en esta olla de presión llamada Río 2016 ¿Explotará?

Nos leemos el próximo viernes y recuerden: “Máscaras habrán muchas, pero Enchilada… sólo una”.

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