Deporte castrense: ¿la solución?

Los resultados de la delegación mexicana en Río 2016, a analizarlos a fondo.
Ciudad de México -

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 son cosa del pasado, pero los resultados que obtuvo la delegación mexicana ¡son cosa del presente! Y vaya que tendrán que ser analizados a fondo.

Que sí los pleitos entre Conade y Com influyeron a no conseguir mejores resultados, que sí los recursos no llegan para una mejor preparación de los atletas, que sí los dirigentes de las federaciones son el gran problema, y miles de cosas más que deberán conocerse y sobre todo: A-TEN-DER-SE.

Lo cierto es que cuatro de los cinco atletas mexicanos que consiguieron medallas olímpicas forman parte de las fuerzas armadas de nuestro país, y ese también debería ser un tema de análisis en los próximos días. Ismael Hernández, Germán Sánchez y María del Rosario Espinoza; son cabos de educación física del Ejército Mexicano, mientras que Lupita González forma parte de la Marina.

Las fuerzas armadas en la historia olímpica de México han sido parte esencial en la formación de atletas; como olvidar a José el “Sargento” Pedraza, que tras ganar el segundo lugar en los 20 kilómetros de caminata en México ’68, también se ganó un arresto de cuatro meses por órdenes del general Suástegui, quien lo humilló por no haber ganado la presea áurea ¡Así son los militares y su disciplina!

Por mencionar otro ejemplo, la mayoría de las medallas brasileñas en Río, 12 de un total de 19 equivalente al 80%, las consiguieron militares-atletas como la judoca Rafaela Silva, el gimnasta Arthur Zanetti y el saltador de pértiga Thiago Braz, por mencionar a algunos. 145 atletas tenían grado de soldado, sargento o coronel de la marina, el ejército o de aviación. Esto gracias a un programa lanzado en 2008 para permitir a los atletas de alto rendimiento convertirse en soldados de manera temporal. Por lo cual tenían un entrenamiento exhaustivo de 45 días, sometiéndose a un examen físico a cambio de un salario, instalaciones deportivas para entrenarse y apoyo para su salud y terapias físicas. En otras palabras, financiamiento y cobijo para prepararse rumbo a sus Juegos Olímpicos. La otra visión dice que era un programa para que las Fuerzas Armadas “tuvieran una visión positiva en la sociedad”. ¡Y que esperaban!

La pregunta sería ¿debemos tener mayor número de atletas de las fuerzas armadas en el alto rendimiento para tener más triunfos? ¿Deben administrar los recursos de sus atletas las fuerzas armadas? ¿Se debe abrir un programa como en Brasil, exclusivo para mejor preparación de los atletas a través de las Fuerzas Armadas? Será esta una solución, en lo que dicen será la "reestructuración de nuestro deporte".

Ustedes tienen la última palabra.

Nos leemos el próximo viernes y recuerden: “Máscaras habrán muchas, pero Enchilada… sólo una”.

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