Aunque parezca contradictorio, limpiar la casa puede empeorar una infestación de chinches de cama cuando no se hace de la forma correcta. Muchos de los métodos que las personas utilizan con la intención de eliminarlas terminan provocando que se dispersen, se escondan mejor y se reproduzcan con mayor rapidez.
Errores al limpiar que hacen que las chinches se reproduzcan más
Uno de los errores más comunes es sacudir las sábanas o la ropa infestada dentro de la habitación. Este simple movimiento permite que las chinches caigan al suelo, se oculten en grietas, enchufes, muebles o detrás de los zoclos. En lugar de reducir el problema, el problema se expande a nuevas zonas del hogar.
Otro fallo frecuente es mover colchones, almohadas o sillones sin sellarlos previamente. Al trasladarlos de un cuarto a otro, los insectos y sus huevos se desprenden y generan nuevos focos de infestación. Por eso, los expertos recomiendan embolsar los objetos antes de moverlos y lavarlos de inmediato con agua caliente.
El uso incorrecto de insecticidas domésticos también empeora la situación. Rociar productos sin conocer los puntos clave donde se esconden solo hace que las chinches se dispersen para sobrevivir. Además, muchas veces desarrollan resistencia a químicos de uso común, lo que vuelve más difícil eliminarlas después.
Aspirar sin una técnica adecuada es otro problema. Si bien la aspiradora puede ser una gran aliada, no vaciarla inmediatamente y sellar el contenido en una bolsa permite que las chinches salgan y vuelvan a infestar el espacio.
También está el error de tender la cama inmediatamente después de levantarse. Las chinches prefieren los ambientes cálidos y con dióxido de carbono. Dejar la cama sin tender por un tiempo ayuda a ventilar el colchón y reduce las condiciones ideales para que se oculten.
Finalmente, muchas personas cometen el error de pensar que la limpieza superficial es suficiente. Las chinches viven en costuras de colchones, bases de cama, marcos, contactos eléctricos y grietas diminutas, no solo en las sábanas.
La clave para combatirlas no es limpiar más, sino limpiar de forma estratégica: lavar con altas temperaturas, usar vapor, aspirar correctamente, sellar textiles y evitar mover objetos infestados sin protección.
Entender estos errores puede marcar la diferencia entre controlar el problema rápidamente o provocar una infestación mucho más grande y difícil de eliminar.
