Asistir a un concierto o un partido de futbol en la Ciudad de México suele implicar un gasto considerable, no solo por el costo del boleto, sino por los elevados precios de los productos de consumo dentro de los estadios, arenas y auditorios.
Ante esta situación, se ha presentado una propuesta de reforma a la Ley de Espectáculos Públicos que busca dar un giro radical a la experiencia de los usuarios: permitir el ingreso de alimentos y bebidas para consumo personal.
La iniciativa tiene como objetivo principal proteger la economía de las familias capitalinas y combatir lo que se considera una práctica abusiva por parte de las empresas operadoras.
Actualmente, la mayoría de los recintos prohíben estrictamente la entrada de cualquier insumo externo, obligando a los asistentes a comprar productos dentro de las instalaciones a precios que, en ocasiones, superan el triple de su valor comercial.

Claves de la propuesta: adiós al consumo obligatorio en recintos
La reforma legislativa plantea que los organizadores de espectáculos públicos no podrán restringir el derecho de los ciudadanos a portar sus propios alimentos y bebidas no alcohólicas. Los puntos fundamentales de esta medida incluyen:
Libertad de elección: Los asistentes tendrían el derecho de ingresar productos para su consumo personal, siempre y cuando cumplan con normas de higiene y seguridad.
Protocolos de seguridad: Para garantizar la integridad física de los presentes, se establecerían lineamientos sobre los envases permitidos (prohibiendo vidrios o latas), pero sin que esto signifique una prohibición total del contenido.
Impacto en la economía familiar: Se busca que el acceso al entretenimiento no sea un privilegio limitado por la capacidad de gasto extra dentro de los recintos.
Regulación de precios internos: Indirectamente, la medida obligaría a los concesionarios de comida dentro de los estadios a ofrecer precios más competitivos frente a la opción de la comida externa.
La diputada Elizabeth Mateos Hernández, impulsora de esta reforma, señaló que el esparcimiento debe ser accesible y que las políticas actuales de los recintos vulneran los derechos del consumidor. De aprobarse, la Ciudad de México sentaría un precedente histórico, permitiendo que la afición disfrute de sus eventos favoritos sin que el hambre o la sed representen un golpe injustificado a su presupuesto.

