Automovilismo

Speedfest 2026: correr también es resistir

No todo en el automovilismo es velocidad. Hay días —como este— en los que también es resistencia.

Speedfest 2026 se disputó en el Autódromo Hermanos Rodríguez bajo un intenso calor (Cortesía)
Speedfest 2026 se disputó en el Autódromo Hermanos Rodríguez bajo un intenso calor (Cortesía)
Olga Hirata
Ciudad de México

La primera edición del Speedfest 2026 se disputó en el Autódromo Hermanos Rodríguez bajo una condición que no admite matices: 33 grados de temperatura ambiente en la Ciudad de México. Un número que, fuera de contexto, podría parecer anecdótico. En pista, no lo es. Modifica el comportamiento del auto, altera la lectura de la pista y expone, sin filtros, el desgaste físico del piloto. El calor no acompaña. Condiciona.

Genaro Dávalos, piloto del Dávalos Racing Team en la Copa 1.8, lo resume sin dramatismo, pero con precisión: “Se ha sentido pesado”.

No habla únicamente de la competencia. Habla de un entorno que no se negocia. “El calor afecta mucho al coche. Cuando hace más calor, el auto corre menos. Cuando baja la temperatura, ‘respira’ mejor. Se siente en la recta y en la salida de las curvas”.

A 33 grados, la pérdida de eficiencia es tangible. El aire se vuelve menos favorable, el motor trabaja más forzado y cada vuelta deja de ser solo velocidad para convertirse en administración: de energía, de neumáticos y de margen de error. Dentro del auto, la exigencia escala. “Salimos empapados. La sensación es muy fuerte”. No es una queja. Es una descripción.

La cabina se convierte en un espacio cerrado donde el calor se acumula y el desgaste físico se acelera. Por eso, la hidratación deja de ser un hábito y pasa a ser parte de la estrategia previa. Prepararse antes de subir al coche es tan importante como cualquier ajuste mecánico.

El asfalto, por su parte, también entra en juego. A mayor temperatura ambiente, mayor temperatura en pista. Y eso impacta directamente en las llantas. “Tienes que encontrar el punto exacto. Si te pasas, pierdes agarre. Si te quedas corto, desgastas la llanta antes de tiempo”. Es una línea fina. Y en estas condiciones, más frágil que nunca.

La cuarta fecha del campeonato ha añadido otro elemento de complejidad: una chicana en la parte posterior del circuito, incorporada por seguridad, pero que ha elevado la exigencia técnica. “Sí ha sido de las más complicadas”. El resultado: maniobras más forzadas, errores más costosos y autos que no siempre terminan enteros. Aun así, el contexto no eclipsa el significado del escenario. “Es una pista icónica. Aquí corre la Fórmula 1 y estar aquí ya es especial”. No es una frase automática. Es una validación.

En la ceremonia de protocolo, la cantante Laura Flores fue la encargada de entonar el Himno Nacional Mexicano, marcando el arranque oficial de la jornada en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

En paralelo, el Speedfest también exhibe el otro rostro del automovilismo: el de quienes no llegan por herencia, sino por insistencia. Jorge Solís tiene 18 años, corre para la escudería Pro-Rally y su historia no está sostenida por un apellido dentro del deporte. “En mi casa pensaban que estaba loco”. No es una anécdota aislada. Es el punto de partida de muchos.

El automovilismo no es un deporte accesible. Exige inversión, tiempo y una tolerancia constante a la incertidumbre. En ese contexto, Solís empezó a los 14 años en karts de renta. Sin estructura profesional. Sin garantías. “Corrí, corrí, corrí y seguí corriendo”. La repetición no es casual. Es método.

Los resultados comenzaron a aparecer y con ellos el respaldo familiar. No como impulso inicial, sino como consecuencia de lo demostrado en pista.

“Si vas ganando, te apoyan”. Hoy forma parte de una escudería y compite en el Autódromo Hermanos Rodríguez bajo las mismas condiciones que el resto: calor, presión y un margen mínimo de error.

“Es una pista icónica. Todos los pilotos mexicanos quieren correr aquí”. Pero querer no basta. “Tienes que ser muy bueno. Tener resultados. Y que alguien crea en ti”.

El automovilismo mantiene una lógica selectiva. El talento es indispensable, pero no suficiente. Se necesita respaldo. Se necesita estructura. Y, en muchos casos, se necesita insistir más de lo razonable.

A pesar de eso, Solís no suaviza el mensaje: “A los niños les diría que no se rindan. Es un deporte de excepciones, pero vale la pena”. No hay promesas. Hay advertencias. Su proyección tampoco se queda en el plano local. Europa. Correr un Porsche, un BMW, un Ferrari. Ese es el objetivo. Sin matices.

El Speedfest no busca compararse con la Fórmula 1. No lo necesita. Su valor está en otro lugar: en visibilizar un automovilismo que se construye lejos del reflector principal, pero con la misma exigencia técnica, física y mental. En mostrar que, más allá del espectáculo, hay una disciplina que se sostiene en detalles que no siempre se perciben desde la grada. “Que la gente venga. No todo es Fórmula 1”. La frase de Dávalos no es reclamo. Es contexto.

Porque en un día de 33 grados, donde el calor expone cada debilidad y cada decisión pesa más de lo habitual, el automovilismo se reduce a lo esencial: control, resistencia y precisión. Cuando cae la bandera a cuadros, los motores se apagan. La exigencia, no.


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