Copa Mundial

¿Cómo el dólar y el peso pueden decidir el verdadero marcador del Mundial?

El trofeo se decidirá en la cancha, pero el marcador económico dependerá, en gran medida, de la relación entre ambas monedas.

La Copa del Mundo genera mucho movimiento de dinero (Especial)
La Copa del Mundo genera mucho movimiento de dinero (Especial)
Ciudad de México

La Copa Mundial de la FIFA es conocida como el evento deportivo más grande del planeta, pero detrás de toda la parafernalia se esconde una maquinaria económica que compite con las principales industrias del mundo. Cuando el campeonato viaja a Norteamérica, con México siendo un actor clave por ser sede, las ramificaciones económicas van mucho más allá de los estadios. Turismo, construcción, patrocinios, derechos de televisión y consumo masivo, todos estos sectores están disfrutando del boom económico que significa tener el Mundial tan cerca. Pero hay una variable que, silenciosamente, decide hasta qué punto puede ser ese boom: el tipo de cambio entre el dólar estadounidense y el peso mexicano.

En los mercados internacionales, la Copa es ya tanto una historia de futbol como de divisas. Los traders de forex mantienen en observación flujos de capital, proyecciones turísticas y movimientos de pagos internacionales en su búsqueda por detectar cambios en el par USD/MXN. El mercado de divisas no solo reacciona a los goles, sino que también lo hace a las perspectivas macro que están ligadas a la demanda que genera el torneo. Un dólar fuerte puede hacer que México sea un destino relativamente más barato para los visitantes estadounidenses y, por tanto, aumentar los ingresos por turismo. Por el contrario, un peso fuerte podría hacer que los proveedores mexicanos que tienen que pagar bienes y servicios valorados en dólares tengan más fácil costear los pagos.

Por tanto, las coberturas se intensifican, ya que sponsors, cadenas de televisión y marcas que operan en varios países hacen uso de derivados de divisas para mitigar el riesgo que les genera firmar contratos tanto en USD como en MXN. En definitiva, el Mundial no solo moviliza a los fans, también mueve a los mercados de divisas.

Y en todo equilibrio, misión imposible.

Los ingresos turísticos suelen venir en dólares, especialmente si los visitantes son del vecino norte. Hoteles, aerolíneas, restaurantes o compañías de transporte terrestre pueden ver cómo aumenta su facturación, pero el verdadero beneficio para la economía local depende del momento en que estos dólares se convierten en pesos. Si durante el torneo el dólar se fortalece frente al peso, cada dólar turístico se traducirá en más moneda local, lo que significa que el impacto económico se habrá amplificado. En cambio, un peso fuerte restará valor a ese efecto tipo de cambio, aunque también puede reflejar mayor apetito inversor por la economía mexicana.

El gasto en infraestructura supone otra cara de la moneda. Las remodelaciones en los estadios, las mejoras en el transporte o los refuerzos en seguridad suelen haber dependido, en mayor o menor medida, de materiales o tecnología importada y facturada en dólares. Si el peso se debilita frente al dólar en el periodo previo al evento, esas labores de maquillaje habrán encarecido en términos de moneda local, lo que, en última instancia, podría tensionar las arcas públicas. Por ello, la estabilidad cambiaria es una apuesta segura para las finanzas públicas y una compañera inseparable en la planificación fiscal de los organizadores. La volatilidad del tipo de cambio puede complicar, y mucho, cuánto habrá costado luego de la partida ser sede.

Los contratos de TV y los acuerdos de patrocinio también están más entrelazados en la pugna cambiaria de lo que puede parecer. Los grandes patrocinadores internacionales suelen cobrar en dólares; en cambio, muchos patrocinios locales se facturan en moneda local. Cuando los contratos cruzan fronteras, las fluctuaciones en el tipo de cambio esencialmente identifican quién gana y quién pierde. Un anunciante extranjero que depositase sus recursos en dólares podría verse beneficiado si el peso se debilita, ya que esa facturación en moneda local le saldría más barata. Por el contrario, las empresas mexicanas que tengan compromisos en dólares de cara al exterior podrían verse expuestas a tener que hacer frente a mayores costes si su moneda se desvaloriza.

Para el consumidor, el tipo de cambio toma forma. Un seguidor estadounidense que viaje a México sabrá rápidamente si su dólar rendirá más de lo previsto. Un tipo de cambio favorable podrá alentar estancias más largas, un consumo mayor de producto oficial y un mayor gasto en hostelería. La fortaleza o debilidad de una divisa juega un papel clave en el bienestar de hoteles, agentes de viaje, aerolíneas e incluso en las ventas de merchandising. Ni más ni menos que en aquello que verdaderamente radica en el centro de la experiencia de la Copa: en el día a día del torneo.

Además, hay un relato macroeconómico más amplio. Los grandes eventos deportivos pueden llegar a tirar de forma fugaz del PIB del país anfitrión a través de un mayor consumo y construcción extranjera. Si el peso se mantuviera firme, o se fortaleciera, a lo largo del ciclo del Mundial, esa fortaleza podría valorarse como una señal de confianza en la política económica del país. Por el contrario, una depreciación constante podría generar preocupaciones sobre la capacidad de contener la inflación, máxime si coincide con un escenario en el que los precios de la energía suben por encima de la media y la demanda interna se mantiene muy viva.

Estados Unidos forma parte de esta ecuación paralela. Muchos patrocinadores, cadenas de televisión y partners corporativos están radicados en ese país, y buena parte del dinero que fluye de un lado para otro viene en dólares. La fortaleza de la economía estadounidense condiciona al dólar, que, a su vez, condiciona el comercio y el turismo hacia México. Un Estados Unidos fuerte suele estar detrás de un dólar fuerte, lo que podría allanarle el paso al flujo de visitantes durante el torneo, aunque, por otro lado, también podría ampliar los déficits comerciales en el balance de pagos del país amigo.

Los bancos centrales, en cualquier caso, tendrán que tomar precauciones durante este periodo. El Banco de México se encargará de vigilar que no se descontrole la inflación y que los flujos de capital sean los adecuados, mientras que la Reserva Federal se ocupará de que Estados Unidos mantenga estabilidad económica. Por poner un ejemplo, ningún instituto toma decisiones basadas en el futbol, pero la llegada de divisas y las modificaciones en los patrones de inversión que provocan eventos de este tamaño pueden hacer que las condiciones de liquidez cambien de forma casi imperceptible a lo largo del día.

La economía del Mundial, en definitiva, es mucho más que venta de entradas y contratos de patrocinio. El tipo de cambio juega un papel fundamental en cómo se reparten los beneficios y en qué medida. Afecta a los costes de construcción, a cómo quedan reflejados los ingresos por turismo, al beneficio empresarial y a las decisiones de consumo.

El trofeo se decidirá en la cancha, pero el marcador económico dependerá, en gran medida, de la relación entre el dólar y el peso. En una economía tan global como la actual, incluso un soplido de magia puede llegar a tocar a los mercados de divisas, recordándonos que el deporte es mucho más que un simple juego.


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