Copa Mundial

El triunfo de Mussolini: Italia, campeón en 1934

Benito Mussolini convirtió a la Copa del Mundo en un asunto de estado, por lo que era primordial hacerse de la victoria en casa

Italia salió campeón del Mundo en 1934 (Foto: Especial)
Italia salió campeón del Mundo en 1934 (Foto: Especial)
Ciudad de México

El 9 de octubre de 1932 la FIFA sorprendió al designar a Italia como sede de la Copa del Mundo de 1934, ya que en ese país –y en general en el continente europeo– se vivían momentos de incertidumbre debido al gobierno de Benito Mussolini, dictador que buscaba aprovechar la popularidad del futbol y la Nazionale –como le llamaban a la selección– para utilizarlos como herramientas propagandísticas.

Il Duce, como se le nombraba a Mussolini, buscó la sede del Mundial para reforzar su identidad dentro de su población y también para cohesionar regiones históricamente opuestas, idea que se consolidó conforme se desarrolló la justa, aunque bajo formas que al día de hoy estremecen, en las cuales se señalaba la obligación de ganar si no querían sufrir las consecuencias.

Obtenida la sede entre dudas de si hubo influencia del Partido Fascista, Mussolini le hizo entender al técnico Vittorio Pozzo y a sus jugadores la necesidad de quedarse con el certamen que se jugaba en casa, sin que importaran las formas e incluso presionando a cuantos pudieran para que el triunfo fuera italiano.

El camino de Italia

Si bien el estreno fue terso con un 7-1 ante Estados Unidos, el andar italiano en la justa estuvo lleno de complicaciones, las cuales incluso llevaron a que los silbantes se convirtieran en protagonistas, ya que sus decisiones acabarían por beneficiar al cuadro local.

Aunque tenía jugadores importantes de la talla de Giuseppe Meazza, Italia no logró ser dominante en el resto de las fases, especialmente en sus duelos ante España y Austria, en los cuales el trabajo de los árbitros Louis Baert, René Mercet e Iván Eklind marcaría el desarrollo de los partidos.

Ante los ibéricos, el cruce se definió en dos partidos tras igualar 1-1 en el primero, con sendas actuaciones de los silbantes que fueron señaladas, ya que en la igualada Baert optó por no anular el gol de Giovanni Ferrari, a pesar de que estuvo precedido de una falta de Angelo Schiavio a Ricardo Zamora, mientras que en el desempate, que acabó 1-0 a favor de los italianos, Mercet le anuló goles que parecían legítimos a Regueiro y Quincoces.

En Semifinales se daría una historia parecida, ya que el árbitro Eklind dio por válido un gol en fuera de lugar de Enrique Gaita, el cual mandaría a Italia a la Final ante Checoslovaquia, acaso el representativo que mejor jugaba entonces.

Y extrañamente el partido por el título sería pitado por el propio Eklind, volvió a tener una turbia actuación remarcada por no haber sancionado un penalti que cometió Monti sobre Oldrich Nejedly, con la salvedad de que los checoslovacos soportarían cualquier adversidad, al grado de ponerse 1-0 arriba con tanto de Antonin Puc al minuto 71.

La obligación que hacía temblar a todos

Ya desde el descanso el técnico Pozzo les había rememorado a sus jugadores lo importante que era salir victoriosos, máxime porque en las tribunas del Stadio Nazionale estaba presente Mussolini: “No me importa cómo, pero deben ganar. Si perdemos, la pasaremos muy mal”, les dijo a sus jugadores, quienes al irse abajo en el marcador empezaron a mostrar señales de temor que habían sido reconocidas por sus rivales.

Aunque Raimundo Orsi había empatado el partido en el 81’, los checoslovacos seguían fuertes en su juego, pero se daría un hecho que ha levantado suspicacias desde entonces, ya que el portero Frantisek Planicka no logró atajar un tiro de Schiavio que no revestía mayor peligro y que significó el 2-1 a favor de Italia, un gol que Musssolini celebró a lo grande y que, tal vez, le salvó la vida a los seleccionados celestes, como admitió Angelo Schiavio el día que le regaló la medalla de oro que obtuvo en esa justa.

Los campeones

Gianpiero Combi, Pietro Arcari, Luigi Bertolini, Felice Borel, Umberto Caligaris, Armando Castellazzi, Giuseppe Cavanna, Gianpero Combi, Attilio Demaria, Giovanni Ferrari, Atilio Ferraris, Enrique Guaita, Anfilogino Guarisi, Guido Masetti, Giuseppe Meazza, Eraldo Monzeglio, Luis Monti, Raimundo Orsi, Mario Pizziolo, Virginio Rosetta, Angelo Schiavio, Mario Varglien. DT: Vittorio Pozzo.

Sobre el autor
Eduardo Domínguez

Reportero-redactor. Egresado UNAM. Llegué a Mediotiempo en 2019.

eduardo.dominguez@mediotiempo.com

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