
Apenas tres días después de ser goleado por el Friburgo en la Europa League, el Celta tuvo una dura derrota ante el Real Oviedo (0-3), que alimenta su sueño de permanencia en la máxima categoría con su segunda victoria consecutiva, la tercera en las últimas cuatro jornadas.
El Celta solo le generó peligro en una doble oportunidad de Andrés Antañón y Fer López que obligó a Aarón Escandell a lucirse para evitar el empate antes de los 15 minutos de juego. Y en ataque le bastó con aprovechar los regalos del rival para dejar resuelto el partido a falta de media hora para el final.
Claudio Giráldez dijo en la previa que este partido era importantísimo, que el primer paso para remontar la eliminatoria al Friburgo se tenía que dar recuperando sensaciones y venciendo al Oviedo. El tropiezo del Betis frente a Osasuna (1-1) era otro aliciente porque un triunfo permitía a los suyos asaltar la quinta plaza.
Pero su equipo, con muchas rotaciones en el once, entró aturdido al partido y se marchó cabizbajo al medio tiempo porque el rival le golpeó en dos ocasiones, nada más arrancar el duelo y en el último suspiro del primer tiempo.
El Celta tuvo mucha más posesión que su rival, pero le faltó claridad en la construcción y profundidad en ataque. Ni tan siquiera el tempranero tanto de Alberto Reina, después de un error de Javi Rueda y un posterior mal despeje de Carreira, hizo reaccionar a los de Vigo.
La revolución de Giráldez fracasó. Dio los primeros 45 minutos al uruguayo Matías Vecino para prepararlo físicamente para el encuentro. El exfutbolista del Lazio fue demasiado intermitente, como el resto del equipo. Pese a ello, el Celta pudo empatar en el minuto 14 pero lo evitó Aarón Escandell con una doble parada a los disparos de Antañón y Fer López.
Los minutos pasaban y el Celta no generaba peligro. El Oviedo estaba cómodo. Su plan de partido estaba saliendo a la perfección. Y al filo del descanso, Federico Viñas dejó en evidencia al central ghanés Joseph Aidoo antes de superar a Radu.
El desastre celeste urgía una reacción. Giráldez metió en el campo a Moriba y Aspas, pero su equipo continuó apagado. Radu evitó, con una gran mano, el 0-3 de Javi López, en otra acción a balón parado mal defendida por el Celta.
En Balaídos se escucharon algunos pitos. Sin el sueco Carl Starfelt, su equipo se ha descosido en defensa. Su vuelta es imprescindible para soñar con la remontada el próximo jueves. Porque poco después, otro desajuste defensivo lo explotó Viñas para matar el partido.
Giráldez quemó sus cartas con la entrada de Mingueza, Borja Iglesias y Jutglà, pero ni así. El Oviedo apenas sufrió, solo Jutglà en el 83 inquietó con un cabezazo que desvió Aarón. El Celta necesitará hacer mucho más para creer en una épica remontada ante el Friburgo.
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— Celta (@RCCelta) April 12, 2026
