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El Método Miguel Herrera: ‘El jugador es titular hasta que él quiera’

El técnico del Atlante explica las bases de su modelo de juego y la influencia de Alberto Guerra, Enrique Meza y Ricardo La Volpe.

Miguel Herrera es el DT del Atlante. (Foto: MT)
Miguel Herrera es el DT del Atlante. (Foto: MT)
Miguel Herrera revela cómo construyó su estilo como DT | El Método
Miguel Herrera revela cómo construyó su estilo como DT | El Método
Olga Hirata
Ciudad de México

Miguel Herrera no entiende el futbol sin intensidad. Tampoco el éxito sin trabajo ni la derrota sin autocrítica. El entrenador del Atlante ha construido su identidad a partir de tres influencias, una personalidad que traslada a la cancha y una convicción: la actitud no se negocia.

En El Método, Piojo Herrera explica cómo piensa, cómo prepara a sus equipos y qué principios sostienen su manera de dirigir.

​Tres referentes: Guerra, Meza y La Volpe

El método de Herrera no nació de una sola escuela. Alberto Guerra, Enrique Meza y Ricardo La Volpe fueron los entrenadores que más influyeron en su formación y de quienes tomó elementos para construir una identidad propia.

“Robé un poco de su idea, la mezclé con esa parte de los tres y la mía para poder ser el Miguel Herrera que soy”, reconoce.
Miguel Herrera y La Volpe durante su paso por Atlante (Mexsport)
Miguel Herrera y La Volpe durante su paso por Atlante (Mexsport)

La transición de jugador a técnico comenzó antes de que imaginara sentarse en un banquillo. Cuando fue retrasado a la posición de lateral, tuvo que aprender a defender y analizar a sus rivales. A los 24 años, Luis Flores lo convenció de tomar el curso de entrenador. Más adelante, José Antonio García le abrió la puerta para convertirse en auxiliar y, después, asumir la dirección técnica.

Así comenzó una carrera en la que la observación del juego y la experiencia terminaron por definir su propia propuesta.


El Método: Presión alta y actitud innegociable

Si tuviera que ausentarse una semana y dejar instrucciones para que otro entrenador mantuviera su identidad, Herrera no dudaría en señalar sus prioridades: presión alta, salida controlada desde atrás, llegada con muchos jugadores al área rival, entrega y determinación.

“La actitud, la determinación, el esfuerzo, el deseo, todo eso no es negociable. Ni siquiera está en la conversación”, sostiene.
Miguel Herrera comparó históricamente al Atlante con Chivas y América | Foto: Imago7
Miguel Herrera con mucha actitud. | Foto: Imago7

Para el estratega, intensidad y desorden son conceptos opuestos. Presionar significa recuperar la pelota cerca del arco contrario, impedir que el rival piense y reducir sus opciones; hacerlo sin estructura, en cambio, abre espacios y facilita los ataques del adversario.

Su sistema de referencia es el 5-3-2, con tres centrales, carrileros, tres volantes y dos delanteros. Sin embargo, no lo considera una estructura rígida: puede transformarse en línea de cuatro o adoptar variantes como el 4-1-3-2, según las características de sus futbolistas y las exigencias del partido.

La clave está en que los jugadores comprendan los movimientos y sepan ejecutarlos. La pizarra establece el punto de partida, pero el funcionamiento depende del trabajo.

Miguel Herrera, campeón con América en 2013 ante Cruz Azul. (Foto: Mexsport)
Miguel Herrera, campeón con América en 2013 ante Cruz Azul. (Foto: Mexsport)

La materia prima se trabaja

Herrera rechaza que las limitaciones técnicas de una plantilla sean una sentencia. Para él, el entrenamiento puede desarrollar recursos que no aparecen de manera natural.

“Si no están, hay que trabajarlas”, afirma sobre las cualidades que necesita un futbolista.

Como ejemplo, recuerda la salida de balón que ha trabajado con Atlante. Su argumento es que un jugador puede mejorar la ejecución de una idea mediante la repetición y la comprensión táctica, incluso si no destaca inicialmente por su técnica.

Eso no elimina la necesidad de analizar al rival. Herrera prepara a sus equipos para jugar de una manera determinada, pero estudia dónde pueden hacer daño, qué zonas deben proteger y qué ajustes necesita el partido. Si el problema es la intensidad, exige más; si la estructura está siendo superada, modifica la disposición; si falla la salida, corrige los mecanismos.

El nombre no garantiza la titularidad

La jerarquía tampoco es suficiente para ganarse un lugar. Herrera ha dirigido a figuras como Rafael Márquez, Andrés Guardado, Keylor Navas y Guillermo Ochoa, pero sostiene que la titularidad debe responder al rendimiento y al trabajo cotidiano.

Recuerda el caso de Raúl Jiménez cuando llegó al América. Aunque el equipo incorporó al ecuatoriano Narciso Mina, a quien muchos imaginaban como titular, el delantero mexicano conservó su puesto durante el torneo gracias a su nivel y a la competencia interna.

“Yo le dije a Raúl: ‘Tú eres el titular hasta que tú quieras’”, relata.

La competencia, explica, debe mantener a todos alerta: quien juega tiene que sostener su rendimiento y quien espera una oportunidad debe estar preparado para aprovecharla.

Raúl Jiménez celebra gol a Puebla en la Liga MX. Foto: Imago7
Raúl Jiménez celebra gol a Puebla en la Liga MX. Foto: Imago7

La intuición, la derrota y el costo familiar

Los datos físicos y las herramientas tecnológicas forman parte del futbol moderno, pero Herrera no les concede la última palabra. Las métricas ayudan a regular cargas y niveles de exigencia; la lectura del entrenador determina cómo interpretarlas dentro del funcionamiento colectivo.

Incluso, un jugador que recorre menos kilómetros puede resultar más determinante que otro con mayor distancia acumulada. Para Herrera, el dato adquiere sentido cuando se relaciona con la función que cumple cada futbolista.

Después de una derrota, su método continúa lejos de la cancha: analiza, revisa videos y conversa con sus auxiliares. Asegura que suele pasar la noche sin dormir, repasando lo sucedido para corregir errores.

“Yo siempre pensé que lo que le doy al futbol es lo que me va a regresar”, dice.

Pero el sacrificio, advierte, no recae únicamente en quien dirige. Su familia también paga el precio de una profesión que condiciona vacaciones, celebraciones y tiempo compartido.

“Nosotros sacrificamos a la familia. No. La familia se sacrifica por uno”, reflexiona.
La Pioja aseguró que levantará una denuncia. (Foto: Pioja Herrera)
Miguel Herrera junto a su hija. (Foto: Pioja Herrera)

A sus principios futbolísticos se suma esa conciencia personal. Herrera sigue disfrutando el oficio que eligió desde joven. Su método exige intensidad, análisis y disciplina; su permanencia en el futbol, admite, también ha dependido del esfuerzo de quienes han acompañado su carrera fuera de la cancha.


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