Primero fue Club Universidad Nacional. Juventud, formación, hambre. Un delantero que no pedía permiso, que no negociaba con el ritmo del partido: lo imponía. Campeón de goleo en la temporada 1969-70 y uno de los primeros referentes ofensivos de un equipo que todavía estaba aprendiendo a ser protagonista.
“Pumas representa a la universidad, a la máxima casa de estudios y eso no es cualquier cosa”, dice Borja, con una pausa que pesa. Ahí no sólo juegas futbol, ahí aprendes a defender algo más que una camiseta, aprendes a representar una idea, una formación, una identidad”
No habla de táctica, habla de origen
Después vino el salto al Club América. Y ahí cambió el lenguaje. En Coapa no se forma: se exige. No hay margen para el proceso, sólo para el resultado.
Borja no sólo encajó, se convirtió en referencia. Campeón de liga en 1970-71 y 1975-76. Campeón de goleo en la 70-71. Y en esa primera final dejó algo que define carreras: apareció cuando tenía que aparecer.
“América es una gran institución, eso no lo podemos olvidar nunca”, afirma. “Es un equipo que te exige todos los días, dentro y fuera de la cancha; no te permite relajarte, no te permite fallar”.
Y entonces aparece la figura que explica ese ADN: “Lo que empieza Emilio Azcárraga Milmo, para mí, es lo más significativo dentro y fuera de la cancha en mi vida”, dice sin rodeos. “A él siempre le voy a tener un gran cariño, un gran respeto y un agradecimiento enorme, porque marcó una forma de entender el futbol y la vida”.
Pero la historia no se cierra con títulos. Se cierra con una imagen que todavía respira. 18 de septiembre de 1977. Estadio Azteca lleno. Partido de despedida. América contra Pumas. Borja marca dos goles. Contra su origen.
“Fue el término de mi carrera deportiva, gracias a Dios, con ese marco de gente, con el estadio lleno, gritando mi nombre”, recuerda. “Tenía a mi hijo César en los brazos, mi hijo Enrique corriendo con los niños en la cancha; había hijos de artistas, de la porra, de políticos, era una fiesta, era pura pasión. Me retiro en un Pumas-América agradecidísimo con los dos”
Y entonces un momento épico, regresa en su memoria. “Primero me tomo la foto con América y luego me llaman para tomarme la foto con Pumas y eso no creo que lo haya vivido mucha gente en el mundo”. Dice orgulloso, pero nunca soberbio, porque es una anécdota, es un recuerdo único e irrepetible. “Las aficiones han sido mi vida y ese cariño, ese respeto, sigue exactamente igual hasta hoy”. Porque Borja no eligió, sostuvo y en ese gesto tan incómodo para el discurso moderno, está su legado.
