La décima ya llegó para el Cruz Azul y también para su afición en Guadalajara. La glorieta de La Minerva, tradicional hogar de los festejos rojiblancos, cambió por una noche el rojo y blanco por el celeste, en una celebración que reunió a los seguidores cementeros tras el título conseguido por La Máquina.
Un aproximado de 2 mil 500 personas se dieron cita en La Minerva para celebrar la décima estrella de Cruz Azul. Entre banderas celestes, caravanas de automóviles, cánticos y fuegos artificiales, la afición cementera se apoderó del tradicional punto de reunión tapatío y lo convirtió en territorio cementero. El cántico más repetido fue el clásico: “Oooo, el que no salte es un chivo mar#$*…”, dirigido a las Chivas de Guadalajara.
Entre la fiesta también hubo espacio para la nostalgia y el recuerdo. Uno de los momentos más emotivos de la noche lo protagonizó un aficionado identificado como René, quien levantó la fotografía de su hijo fallecido hace cinco años.
“Mi hijo, en paz descanse. Él no alcanzó a ver campeón al Cruz Azul. Un accidente le quitó la vida. Él siempre estaba conmigo y hoy está conmigo”, compartió con la voz entrecortada.
Al preguntarle qué mensaje le enviaba hasta el cielo, respondió: “Lo amo con todo mi corazón. Este campeonato va para él. Hoy es mi alegría y se lo dedico”.
La celebración avanzó entre bocinazos, cerveza, fuegos artificiales y familias enteras vestidas de celeste. Y aunque la décima apenas acaba de conquistarse, la afición ya piensa en más.
“Todo puede pasar y ahora vamos por la undécima”, decía uno de los seguidores mientras ondeaba una bandera en medio de la glorieta.
