Cruz Azul no recupera la memoria futbolística, está lejos de ser ese equipo que levantaba la mano para ser contendiente al título. La Máquina ha perdido sentido, dirección, futbol.
La ansiedad se ha convertido en el rostro del equipo y eso es muy peligroso de cara a la Liguilla. El empate 1-1 ante Querétaro no le sirve de nada al cuadro celeste, ni en lo anímico ni en lo futbolístico.
¿Cómo fue el partido?
La Máquina pasó del susto al alivio, así ha sido este equipo en los últimos juegos, un vaivén de emociones, apenas arrancaba el juego cuando el cuadro celeste sudó frío, una pelota a la espalda de la defensa la tomó Unjanque, el senegalés se fue por piernas y se plantó ante Mier, pero el portero colombiano lo desarmó con un buen manotazo.
Espabiló el conjunto celeste y adelantó metros, se encontró con un tiro de esquina en el que Ditta ganó la pelota y la cedió para Jeremy Márquez, éste sacó un derechazo que se coló en un par de piernas, La Máquina se ponía por delante y ahora había que gestionar el juego.
Lo hizo el cuadro celeste, que ya se sabe que tiene buen manejo de pelota, pero el tema sigue siendo que en ataque le cuesta profundizar, el regreso de Paradela al once inicial tampoco fue la luz que se esperaba, el argentino se ha nublado en los últimos duelos y eso ha impactado en el accionar del equipo.
Le costó mucho la progresión al equipo de Larcamón en el último tercio, se acercaba más a trompicones que con buen futbol, pero rondaba el área de los Gallos. Palavecino chutó desviado y luego el portero José Hernández evitó el segundo con un buen manotazo, y el Toro se perdió un cabezazo. La Máquina quería, pero no podía.
Y luego, para colmo de males, otra de esas desconexiones que le cuestan en demasía a los celestes. Justo antes del descanso vino un centro de Parra, Lira desvió la pelota y ésta golpeó en Jeremy un desvío que doblegó a Mier.
Cruz Azul debía dar un paso al frente, era el momento de tirar de orgullo, si no había buen juego que apareciera el arrebato personal. Larcamón buscó agitar al equipo y retiró a Palavecino y Paradela, dos tipos que no andan finos.
Ebere y Romero fueron los elegidos para darle más intensidad al equipo, luego se fue Rotondi por Amaury… Nico buscaba soluciones, algo que le diera más vértigo en ataque. Era más agresiva La Máquina, pero sin encontrar esa lucidez en ataque.
La ansiedad carcomía al banquillo celeste, también se palpaba en el campo de juego porque era un equipo más precipitado que trabajado. Levy y Amaury por Jeremy y Piovi para buscar un cierre más agresivo.
Sí, no se puede negar que Cruz Azul se lanzó al ataque, que echó a Querétaro contra su arco, que tuvo al menos un par de ocasiones claras, pero faltó la sangre fría. Al final, un juego más de La Máquina sin ganar, ya son 9, el equipo de Larcamón se rezaga en la tabla general y corre el riesgo de salir de los primeros cuatro. El equipo se ha desdibujado en el momento menos oportuno.
