Martes 20 de junio de 1978. Dentro de un negocio de fotocopias en Avenida Insurgentes Sur 825, agentes de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS), detuvieron a Julio César Ramírez Olmos y Daniel Óscar Ferraro, dos ciudadanos argentinos armados con una pistola marca Colt-Cup National Match y 100 cartuchos calibre .45 y 9 milímetros, encontrados en el automóvil en el que viajaban, una Caribe del año color beige, rentada.
La escena parecía la de un asalto en curso; sin embargo, los dos detenidos tenían permiso de portación y estaban legalmente en territorio mexicano. Habían llegado a la “Copiadora Dymaco” a recoger tres duplicados de un documento titulado “Cuerpo de Manuales y Reglamentos de la Organización Política-Militar Montoneros”, una organización guerrillera de corriente peronista nacida en 1970, que tenía el propósito combatir las dictaduras militares en Argentina, y que encontró en México un espacio para su exilio.
“México fue el principal sitio en el que hubo un acogimiento particular”, reveló en entrevista para mediotiempo, desde su departamento en el centro de Buenos Aires, Roberto Perdía, uno de los líderes de los Montoneros, movimiento que apareció públicamente el 29 de mayo de 1970, cuando anunciaron la ejecución del General Pedro Eugenio Aramburu, militar que encabezó el golpe de estado de 1955 a 1958, que derrocó al gobierno del presidente Juan Domingo Perón.
“Había un respeto por nuestra lucha y había una defensa, en el sentido de que el brazo de la dictadura no llegaría a México. La gente perseguida, que corría riesgo su vida, salía del país; unos iban a España y otros a México. Son dos sitios claves del exilio argentino”.

El inicio del exilio a México
El exilio de simpatizantes peronistas e integrantes del movimiento Montoneros a México inició en 1974, según registros del Fondo Documental de la Dirección Federal de Seguridad y de la Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales del Archivo General de la Nación.
Rodolfo Puiggrós Gavira, político, periodista, escritor, historiador y participante activo en la resistencia peronista, fue uno de los primeros en llegar, arribando a la capital mexicana en el vuelo 07 de Avianca el 27 de septiembre de 1974.
“Condenaban a muerte y mandaban avisos, y al que no se iba lo mataban, no era ficción. Los que recibían amenazas se iban inmediatamente y quienes los rodeaban también. Eso fue entre 1974 y 1975, previo al golpe; después del golpe eso se masificó”.
La madrugada del 24 de marzo de 1976, Eva Perón -esposa de Juan Domingo y Presidenta de la República Argentina- fue detenida por la Junta Militar y notificada de la entrada al poder de las fuerzas armadas, dando inicio a la sexta y última dictadura conocida como Proceso de Reorganización Nacional, conducida por el General Jorge Rafael Videla.
Entre 1974 y 1983, año en el que concluyó el régimen militar, ingresaron a territorio mexicano 4 mil 608 ciudadanos argentinos, según datos de un estudio elaborado por la historiadora argentina Silvia Jensen y Pablo Yankelevich, Doctor en Estudios Latinoamericanos de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México).
A su arribó eran hospedados en el Hotel del Prado, el Versalles y otros, donde fueron registrados con otros nombres para evitar ser identificados. Después de regularizar su situación migratoria eran ubicados laboralmente, pues una gran proporción eran profesionales, artistas e intelectuales. Se desempeñaban en distintos sectores, destacando la academia y la industria.
“La inmensa mayoría de los compañeros trabajó o estudió, o trabajó y estudió, a tal punto que muchos siguieron viviendo en México muchos años más. Se procuraban sostenerse, de alguna manera, para sobrevivir”.
Activismo desde territorio mexicano
A pesar de que el acuerdo con los diferentes gobiernos mexicanos era el de no realizar acciones militares, los miembros del movimiento continuaron con su activismo político desde dos sitios en la Ciudad de México: la Casa del Pueblo Argentino -calle Jesús María Iglesias 19 de la colonia Centro- y la Casa del Movimiento Peronista Montonero -calle Alabama 17 en la Colonia Nápoles y que hoy es un albergue de la Secretaría del Bienestar para personas adultas mayores-.
“Con los distintos gobiernos de la época hubo vínculos, relaciones y compromisos de darnos protección, auxilio interno y legal en el exilio. El compromiso era no actuar militarmente fuera de nuestro país, esa era la base de nuestro pensamiento, porque entendíamos que habíamos recibido la solidaridad de México y no podíamos conspirar contra esas relaciones. Procuramos ser respetuosos”, comentó Roberto Perdía.
“Planeábamos, teníamos reuniones, por supuesto. Había dos casas en México, una que estaba vinculada a los sectores de izquierda y marxista, y otra vinculada a los Montoneros; después estaba el movimiento más clandestino, los que tenían mayor nivel de persecución o que eran dirigentes de organizaciones”.
Dentro de esas planeaciones y reuniones se organizaban estrategias para realizar actos políticos y manifestaciones pacíficas, como la del 12 de marzo de 1977 en una función de box en la entonces Plaza de Toros Cuatro Caminos. Durante la presentación de la pelea estelar, entre el argentino Ángel Campanino y el mexicano José “Pipino” Cuevas, desplegaron cinco mantas en las gradas con las leyendas “Paz y justicia en una Argentina Libre”, “Montoneros vida o muerte”, “Videla asesino”, “Libertad a Cámpora” y “Montoneros”.
Además repartieron cientos de volantes con datos de los estragos del golpe militar de 1976: más de 15 mil muertos, 20 mil rehenes, 100 personas torturadas por día y más de 100 mil personas exiliadas a diferentes países.
La misión secreta contra Montoneros
El exilio de los integrantes del Movimiento Montonero se vivió en calma y Roberto Perdía recordó solo dos incidentes que hubo con la policía durante su permanencia en México, uno de ellos la detención de los dos ciudadanos argentinos en el negocio de fotocopias, y otro más delicado que pudo poner en peligro las relaciones políticas entre ambos países: la captura de Roberto Manuel Lagos o Roberto Tomás Lagos en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, el 31 de enero de 1979.
Llegó bajo la bandera del Movimiento Montonero; sin embargo, Lagos era un agente encubierto enviado por el General Leopoldo Galtieri Castelli, miembro de la Junta Militar, máximo órgano de la dictadura, con la misión de asesinar a los líderes que se encontraban en la capital mexicana. No tuvo éxito; él y su acompañante fueron detenidos, encarcelados unos días y deportados a Argentina.
“En México hubo un hecho bastante conocido. Un compañero que venía de Rosario, de una cárcel clandestina, le dijo al General Galtieri que podía entregar a los dirigentes. Viajó a México, pero su objetivo no era entregar a los dirigentes, sino entregar a los agentes estatales que querían para producir un asesinato en México”.
“Cuando él llega a México, pide al grupo que lo acompañaba ir solo para hacer el contacto y avisar. Cuando se encuentra con los compañeros (Montoneros), cuenta la situación y el gobierno mexicano actúa, los mete presos y lo mandó de regreso a Argentina”.
Reunión en Los Pinos y "fin" del exilio
En 1982, un año antes del fin de la dictadura militar en Argentina, los líderes del Movimiento Montonero se reunieron con el presidente Miguel de la Madrid en Los Pinos para entregarle un proyecto de gobierno, en caso de que su organización llegara al poder; sin embargo, todo quedó en un deseo, pues una vez terminada la represión los ciudadanos argentinos poco a poco comenzaron a regresar a su país.

“Tuvimos una reunión con el Presidente (Miguel de la Madrid), en 1982, le llevamos un proyecto de gobierno, Proyecto Nacional Revolucionario, que era un plan de acción en el supuesto que nosotros llegáramos al gobierno y se lo entregamos en persona. Fue justo el día de la ocupación de Argentina en las Malvinas. La relación era oficial; si bien funcionábamos clandestinamente, el estado tenía conocimiento de nuestros movimientos”.
“Cuando termina la dictadura comenzaron a volver los exiliados. Respecto a nosotros, los que éramos de la conducción de Montoneros, salió el decreto 157 en el gobierno del presidente Raúl Alfonsín, donde se nos sometía a juicio haciéndonos responsables de lo que había pasado en el país. Eso provocó que durante varios años no pudiéramos regresar al país y si teníamos que regresar, teníamos que hacerlo clandestinamente. Yo volví en 1989, seis años después de la vuelta de la democracia”.
Organismos de derechos humanos estiman que durante la dictadura militar de 1976 a 1983 fueron asesinadas más de 30 mil personas opositoras al régimen. Se cuentan entre 8 mil y 22 mil personas desaparecidas y cerca de dos millones de exiliados.
México - Argentina, más allá de Mundial, dónde se enfrentarán el próximo 26 de noviembre, son dos países que comparten muchos episodios relevantes cómo lo ocurrido con los montoneros.
