A Sebastián Pérez le gusta el futbol. Le gusta la emoción de los partidos, el ruido de la tribuna cuando todo sale bien y la sensación de compartir una pasión con miles de personas al mismo tiempo. Pero para llegar a ese momento, su familia ha tenido que recorrer un camino que la mayoría de los aficionados jamás imagina.
Antes de cada salida hay conversaciones, explicaciones y estrategias. Hay planes alternos, rutas de escape y objetos que ayudan a regular emociones. Hay preguntas que se repiten una y otra vez '¿Y después?'.
Futbol y la neurodiversidad
Durante años, para miles de familias con familiares dentro del espectro autista, asistir a un concierto, una feria, un festival o un partido de futbol no ha sido una decisión fácil y espontánea. Es una operación cuidadosamente calculada: ¿Hay demasiado ruido? ¿Habrá un lugar para descansar? ¿Qué pasa si ocurre una crisis sensorial? ¿Existe una salida rápida? ¿Valdrá la pena intentarlo?
Durante años Sebastián fue una pregunta sin respuesta. Mientras otros niños crecían siguiendo rutas conocidas, él recorría el mundo a su manera y su familia intentaba comprender un lenguaje que nadie parecía saber traducir.
La respuesta llegó en Houston, Texas, durante la pandemia, a los once años de edad. El diagnóstico de autismo no cambió las terapias ni borró los desafíos del camino, pero sí puso fin a una de las cargas más pesadas para cualquier madre: la incertidumbre.
Hoy, con 15 años, Sebastián ha hecho mucho más que crecer. Ha transformado la mirada de toda una familia, recordándoles que el autismo no es algo que deba corregirse, sino una condición que merece comprensión, respeto y oportunidades para desarrollarse plenamente.
Verónica Martínez
Esa preparación permanente también acompaña cada salida familiar, 'Con él funciona muy bien la anticipación. Necesita saber qué va a pasar, a qué hora va a pasar y qué sigue. Su pregunta eterna es: ¿Y después?. Entonces nosotros vamos construyendo todo el recorrido desde antes de salir de casa.', agregó.
Lo que durante años fue una preocupación cotidiana para muchas familias comienza a formar parte de una conversación más amplia sobre accesibilidad e inclusión. La incorporación de espacios de regulación sensorial en los escenarios que albergarán algunos de los encuentros internacionales más importantes del 2026 representa un precedente en la forma en que el deporte de gran escala entiende la diversidad humana.
Una conversación necesaria para el Día del Orgullo Autista
La discusión adquiere una relevancia especial en vísperas del Día del Orgullo Autista, que se conmemora cada 18 de junio. La fecha busca promover una visión basada en la aceptación, el respeto y el reconocimiento de la neurodiversidad, recordando que el autismo no es una enfermedad que deba corregirse, sino una forma distinta de experimentar y comprender el mundo.
Durante décadas, la accesibilidad se asoció principalmente con rampas, elevadores o espacios reservados para personas con discapacidad motriz. Hoy la discusión empieza a extenderse también hacia necesidades que no siempre son visibles, pero sí afecta en otros sentidos.
La noticia, en realidad, no es solamente la existencia de una sala, sino necesidades que durante años permanecieron fuera de la conversación pública comienzan a ser consideradas desde el diseño mismo de los espacios.
Para Magda de León, abuela de Sebastián, el cambio comienza por algo tan simple como comprender, 'El autismo no es una enfermedad. Es una manera diferente de ver el mundo. A veces nosotros queremos que todos entren en las mismas reglas, pero descubres que existen distintas formas de percibir la vida. Sebastián me ha enseñado eso: a mirar el mundo con menos rigidez y con más posibilidades.'
¿Qué es el autismo y cómo funciona?
El doctor Antonio Rizzoli, director del Hospital Infantil de México Federico Gómez, considera que el autismo debe entenderse desde una perspectiva que privilegie la diversidad humana por encima de la idea de normalidad.
No es una enfermedad: Dr. Rizzoli
Desde esta visión, las dificultades no aparecen únicamente por la condición de una persona, sino también por entornos que históricamente han sido diseñados pensando en una sola forma de experimentar la realidad.
Gloria Herrera Rodríguez, maestra en Neuropsicología y directora del Centro de Capacitación y Estimulación Temprana (CCYET), considera que este tipo de iniciativas pueden marcar una diferencia importante para familias que históricamente han tenido que renunciar a muchas experiencias públicas.
Herrera recuerda el caso de un padre que llevó a su hijo a un concierto. El niño disfrutaba el espectáculo, estaba emocionado y participaba de la experiencia, pero apenas unos minutos después apareció la sobrecarga sensorial y la familia tuvo que retirarse.
La escena se repite con frecuencia y detrás de ella suele esconderse una pregunta incómoda: ¿Por qué yo no puedo llevar a mi hijo a un lugar donde van todos los niños? La incertidumbre no siempre aparece dentro de un estadio. Muchas veces comienza mucho antes de comprar un boleto.
'Fuimos a un partido y tuvimos una situación complicada. Había muchísima gente y el Tren Ligero venía completamente saturado. Mostré la identificación de Sebastián para solicitar apoyo y agilizar un poco el acceso. No para tener un trato preferencial, sino para evitar una crisis. Pero la respuesta fue muy agresiva.', y agregó, 'Me dijeron que si seguía insistiendo podían negarnos la entrada. Al final alguien de la organización nos ayudó, pero son situaciones que generan mucha angustia porque nunca sabes si quien está enfrente entiende realmente lo que implica una condición como ésta.', recuerdó Verónica.
The story of how a young fan inspired a new Sensory Room @StadiumOfLight - http://t.co/jxqDBiLyjm pic.twitter.com/7xOUwWY3Tx
— Sunderland AFC (@SunderlandAFC) September 28, 2015
El doctor Mario Alberto Arias García, profesor de la Facultad de Psicología de la UNAM e investigador especializado en neurodesarrollo, explica que algunas personas dentro del espectro autista procesan los estímulos del entorno de una manera distinta: 'La información llega más intensa', señala.
En un estadio eso significa miles de voces, música, luces, pantallas gigantes y emociones ocurriendo al mismo tiempo. Lo que para una persona puede representar una experiencia emocionante, para otra puede convertirse en una situación profundamente agotadora.
Rizzoli lo ejemplifica con una suma de estímulos que la mayoría de las personas apenas percibe: el grito de gol, las vibraciones provocadas por miles de aficionados saltando al mismo tiempo, los aromas de la comida, los perfumes, las conversaciones simultáneas, los cambios de luz, el contacto físico involuntario y la tensión emocional que provoca el juego. Por separado pueden parecer detalles menores; juntos, pueden desencadenar una sobrecarga sensorial.
'Lo que para muchas personas es parte del espectáculo, para otras puede convertirse en una experiencia abrumadora. No porque sean más frágiles, sino porque perciben y procesan el entorno de una manera distinta', explicó el Dr. Rizzoli.
Desde esta perspectiva, los espacios de regulación sensorial no buscan cambiar a las personas. Buscan ofrecer herramientas para que más personas puedan participar de experiencias que históricamente les han resultado inaccesibles.
Para Verónica, la existencia de estos espacios representa mucho más que una sala dentro de un inmueble: 'Sebastián ama el futbol y disfruta muchísimo ir a los estadios, y saber que hay un espacio donde puede regularse si llega a sentirse abrumado te da tranquilidad como mamá. Significa que puedes concentrarte más en disfrutar la experiencia y menos en estar pensando qué harás si algo sale mal.'
Sin embargo, para Herrera el tema rebasa cualquier infraestructura, 'Todos tenemos que caber en el mismo mundo, no somos mundos aparte'. La frase resume una discusión que va mucho más allá del deporte.
La inclusión no consiste únicamente en permitir que alguien entre. Consiste en generar condiciones para que pueda quedarse, participar y disfrutar de la misma experiencia que los demás, '¿Por qué privarlos?, cuestiona.
La respuesta obliga a mirar no las limitaciones de las personas, sino las limitaciones de los entornos que hemos construido. Porque cuando una sociedad comienza a pensar en quienes perciben el mundo de manera distinta, también comienza a transformarse a sí misma.
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