Uno no conoce de calor hasta que pisa Tabasco. Aterrizamos en Villahermosa y a pesar de llegar en pleno invierno, nos encontramos con una humedad retadora. En el trayecto rumbo a Cárdenas llovió y dejó de llover varias veces, haciendo todavía más pesado el ambiente.
Llegar con los Gallardo Vasconcelos fue sencillo. Bastaba con acercarse a la cancha más cercana del centro de Cárdenas y preguntar por su apellido. Cuando finalmente llegamos, nos encontramos con una familia numerosa, unida y siempre sonriente, muy parecida a Jesús Gallardo.
Es el hombre de los mil apodos: Nene, Dany, Chucho, Moreno, Veguetita, Balo y varios más. Pero todos apuntan a la misma persona espontánea, soñadora y obsesionada con el futbol.
La abuela, María de la Luz Gamas, seguramente recibió el aviso de que la buscábamos y nos recibió con sus platillos insignia: pozol, moronga y tortillas recién hechas.
EL CHICO DE LAS TORTAS
“Ahí en Cárdenas terminas la primaria o la secundaria y después te pones a trabajar de albañil, en tiendas departamentales o de chofer de microbús. No hay otra”, nos explicó Ángel Gallardo, hermano de Jesús.
El sueño del futbol comenzó durante el Mundial de 2002. Inspirado por Brasil, Chucho dibujó el trofeo de la Copa del Mundo y se prometió que algún día la jugaría. Lo que todavía no imaginaba era que convertirse en mundialista o futbolista profesional siendo originario de Tabasco, era algo sin precedentes.
“Muchos lo desanimaban, le decían que nadie había salido de Tabasco y su respuesta era sencilla: ‘yo puedo ser el primero’”, recordó Ángel.
Convencido de perseguir ese sueño, Gallardo recorría cualquier distancia necesaria para probarse y jugar donde pudiera crecer futbolísticamente. Consciente de las limitaciones económicas de su familia, Chucho comenzó a vender tortas para costear traslados, tachones, uniformes y todo lo que necesitaba para seguir jugando.
LA SEPARACIÓN DE LA FAMILIA
“Una ocasión fue a jugar a Ciudad de México. Ahí estaba un visor de Pumas, lo vio, le llenó el ojo y lo invitaron a hacer pruebas”, recordó Ángel.
“Me tocó la llegada de Chucho. Desde el primer día se distinguió por su calidad y fuerza, era el mejor de ese grupo. Se notaba que tenía una gran proyección”, detalló David Patiño, entonces integrante de las Fuerzas Básicas de Club Universidad.
Gallardo logró ingresar a Cantera, aunque eso significara dejar atrás a su familia. El traslado de Tabasco a la capital marcó a todos, pues era la primera vez que alguien se alejaba tanto de casa.
“Fue un golpe duro porque estaba chiquito. Nos daba mucho sentimiento que se fuera, sabíamos que allá iba a sufrir. Gracias a Dios encontró rápido amigos y pudo adaptarse”, comentó la abuela Gamas.
UNA NUEVA FAMILIA
Fue junto a Arturo Montero Ochoa con quien Gallardo encontró una segunda familia en Ciudad de México. Durante su primera Navidad lejos de Tabasco, Jesús recurrió a su compañero de Pumas, quien lo invitó a pasar las fiestas con su familia. Ahí volvió a encontrar algo muy parecido a Cárdenas: unión y cariño.
“Se acercaban las fiestas de diciembre y nos preguntaron si Chucho podía venir, porque iba a pasar solo esas fechas. Ahí fue cuando lo conocimos”, contó Marcela Ochoa, madre de Arturo.
“Sabíamos de dónde venía y eso nos hizo apoyarlo. Cuando llegas solo y lejos de tu familia, siempre necesitas un abrazo y un amigo que te tienda la mano”, agregó Arturo Montero Sr.
Con ese cariño y ese ambiente familiar, Gallardo encontró la fuerza necesaria para seguir escalando en las Fuerzas Básicas hasta debutar en Primera División. Lo consiguió en el Apertura 2014 de la mano de Guillermo Vázquez.
¡LO LOGRÓ!
Tras el debut comenzó una etapa de crecimiento acelerado para Jesús. Se afianzó como titular en Pumas y las convocatorias con la Selección Mexicana no tardaron en llegar.
Fue con Juan Carlos Osorio cuando pasó de volante a lateral, lo cual le cambiaría su carrera para siempre. Esa decisión terminó marcando una época para México, con Gallardo adueñándose de la banda izquierda a lo largo de tres procesos mundialistas.
La carrera de Jesús ha estado acompañada de títulos, éxitos y también críticas constantes. Pero aquel niño de Tabasco que soñaba con jugar una Copa del Mundo hoy está cerca de disputar su tercer Mundial.
“La verdad, todo ha valido la pena. A mi mamá se le van las lágrimas. Una cosa es que te cuenten cómo fue y otra vivirlo en carne propia. Es muy diferente lo que parece a todo lo que tuvo que pasar para llegar hasta donde está hoy. Estoy orgulloso de él”, contó su hermano.
Soñaba con ser futbolista y terminó conquistando títulos nacionales, internacionales y trofeos con la Selección Mexicana. Nada mal para aquel niño que vendía tortas para comprarse sus tachones.
El capítulo completo de "Raíces: el comienzo", lo encuentras ya disponible en el canal de YouTube de mediotiempo.
