
El final de la carrera de Ricardo "Finito" López del boxeo profesional quedó ligado, involuntariamente, a los ataques terroristas ocurridosel 11 de septiembre de 2001. De la mano del legendario Ignacio Beristáin y el resto de su equipo de trabajo vivió, de primera mano, un desastre que trascendió en la historia, cuando lo único que debía de hacer era subirse al ring del Madison Square Garden para enfrentarse al sudafricano Zolani Peteldo.
Apenas un día antes, un lunes, Finito, Beristáin y el resto de sus acompañantes llegaron a la ciudad de Nueva York para realizar el protocolo previo a cada pelea (conferencias, pesajes y lo que se sumara), pero a cambio acabaron por ser testigos de un escenario caótico que se quedó estampado en sus retinas por el resto de su vida.
Sólo cuadras separaron al Finito López del desastre
Elegido como el mexicano que llevaría el estandarte en torno al Día de la Independencia -hoy asentada como una de las fechas más importantes dentro del mundo del boxeo-, el Finito se alistaba para su encuentro 52, ya en una etapa en la que las piernas y los brazos no funcionaban igual que en sus grandes días.
Convertido ya en uno de los mejores boxeadores mexicanos de la historia, debía llevar el peso de la escuela nacional, esa que Julio César Chávez ya no podía sostener, por lo que firmó un encuentro en el otrora recinto estelar del boxeo, pero al final debió de ajustar sus planes después de que dos aviones se estrellaran en las llamadas Torres Gemelas. Fue la telonera de la pelea en la que Bernard Hopkins le quitó el invicto a Félix Trinidad.
"Digo '¿qué es esto?'. Ahí comenzó la guerra, yo pensé que lo era. Vi a a la gente correr, todos estábamos muy asustados", rememoró junto a Luis Valls hace un par de años.

Una situación caótica
En charla con Península Deportiva, Beristáin rememoró que cuando sucedió, temprano en la mañana del martes, se encontraban desayudando cuando vieron en una de las televisiones del lugar en el que se encontraban que, aparentemente, "una avioneta" se había estrellado en una de las torres.
“Estábamos cerca y salimos del hotel a la avenida a ver qué ocurría, y fue cuando vimos cómo pasaba un avión y se clavaba con la otra torre, entonces vino la corredera de gente por todos lados y a nosotros nos obligaron a regresar al hotel a resguardarnos y allí estuvimos como hasta las 12 o 13 horas", detalló.

A partir de ahí cambió la vida en la ciudad de Nueva York y en el resto del mundo. En México nadie sabía qué había pasado con el Finito López y su equipo, no había forma de hacerlo, y en la Gran Manzana no había ninguna certidumbre de lo que ocurriría con la pelea programada, hasta que un buen día Don King apareció para decirles que el encuentro se reprogramaría, pero ahora para ayudar a los damnificados.
"Yo no sabía que iba a ser mi última pelea, íbamos a pelear el 15 de septiembre y se pospuso hasta el 29. Peleé contra Peteldo, un jovencito de 25 años, yo era un viejito, tenía 36 y me di cuenta que yo no me retiré del box, el tiempo fue el que me retiró. Fue mi última pelea", agregó el Finito a Valls sobre esa nefasto día, hoy conocido como el 11S.



