Mediotiempo
Más Deportes

De una caída al triunfo en el Maratón de la CDMX 2026: Gonzalo Valdovinos aprendió a ganar

La caída no fue un fracaso. Para Gonzalo Valdovinos fue una advertencia.

Gonzalo Valdovinos (Edgar Malagón)
Gonzalo Valdovinos (Edgar Malagón)
Olga Hirata
Ciudad de México

Un año atrás terminó tercero en el Maratón de la Ciudad de México, después de ocho años consecutivos subiéndose al podio, aquella posición pudo haberle dejado un sabor amargo. En cambio, Gonzalo Valdovinos corredor en silla sobre ruedas, decidió mirarla de otra manera: si había sido tercero después de caerse, entonces había margen para hacer algo mucho mejor.

“Lo vi como un reto más. Dije: si a pesar de la caída quedé en tercero, si me pongo las pilas y entreno bien como debe de ser, el próximo año lo gano”.

Y lo ganó. Para conseguirlo tuvo que salir de su zona de confort. Con el respaldo de su familia, Valdovinos se marchó durante 20 días a un campamento en La Malinche, en Tlaxcala, para entrenar en altura. El objetivo era claro: ganar fuerza.

La apuesta terminó por darle la razón. El maratón en silla de ruedas suele observarse desde afuera como si consistiera simplemente en recorrer los mismos 42 kilómetros que los corredores a pie. Pero dentro de la competencia hay otra batalla. El esfuerzo de las piernas se transforma en trabajo de brazos; las repeticiones y las distancias forman parte de una preparación tan rigurosa como la de cualquier maratonista. La diferencia está en la velocidad, la técnica y, sobre todo, en aprender a convivir con otros competidores a centímetros de distancia.

Valdovinos sabía que no podía regalar nada. Desde la salida decidió atacar. No esperar. No esconderse detrás de los demás. No dejar que la carrera se acomodara sola. “Despegaba. Y eso lo utilicé. Dije: no, me voy. No me espero”.

La estrategia comenzó a tomar forma conforme avanzaban los kilómetros. Pedro Gandarilla y Marco Caballero, dos de sus principales rivales, alternaban momentos de mayor intensidad con otros en los que reducían el ritmo. Gonzalo observó. Guardó la información. La carrera también se gana leyendo al rival.

A los 40 kilómetros decidió que ya no había nada que conservar. “Dije: ya me voy”. Y se fue.

Pero para entender realmente lo que significa ganar una prueba como ésta hay que mirar también aquello que las cámaras no siempre alcanzan a contar. La silla no avanza como una bicicleta ni responde de manera automática a las irregularidades del pavimento. Hay tramos en los que el recorrido obliga a trabajar el doble: con el cuerpo y con la cabeza.

Valdovinos tiene perfectamente identificado uno de ellos: Chapultepec, particularmente la zona de adoquín. Ahí la silla brinca, se mueve de un lado a otro y obliga a mantener una concentración absoluta. Un pequeño descuido puede cambiar una carrera que lleva más de dos horas construyéndose. “Es una parte que trabajas doble, mental y físicamente, porque la silla no se va derecho. Como es adoquín, brinca para un lado, brinca para el otro y tienes que ir bien concentrado”.

Y mientras eso ocurre, tampoco puede olvidarse del competidor que viaja a centímetros. En una carrera de esta naturaleza no existe demasiado espacio para la cortesía. Hay que encontrar el hueco, proteger la línea, esperar el momento y, cuando aparece, aprovecharlo. Los rivales se jalan, se frenan, intentan adelantarse y también buscan evitar que el otro tome una posición favorable.

Es una especie de ajedrez a toda velocidad, con los brazos trabajando sin descanso.

Valdovinos entendió que aquella pelea también podía jugar a su favor. Observó cómo sus rivales aceleraban y después bajaban la intensidad. Fue acumulando información durante kilómetros hasta encontrar el momento preciso para utilizarla.

Y entonces apareció otro elemento que tampoco se puede entrenar completamente: la gente.

El cansancio llega, los brazos pesan y el cuerpo comienza a pedir tregua. Pero el ruido de las calles puede cambiarlo todo. “Hay momentos que te sientes agotado, pero se escucha el apoyo de la gente. La adrenalina vuelve a subir”.

La clave está en saber qué hacer con ella. Gonzalo supo hacerlo. Mientras avanzaba hacia la meta, también pensaba en quienes estaban siguiendo la carrera desde casa. Sabía que su familia lo había visto competir y que, aunque no estuvieran ahí físicamente, serían testigos de una victoria que tenía detrás mucho más que los 42 kilómetros del domingo.

Tenían que contar una historia y esa historia comenzó con una caída. Terminó con una victoria. Entre una y otra hubo 20 días en La Malinche, kilómetros de entrenamiento, brazos agotados, una estrategia construida sobre la marcha y la convicción de que aquel tercer lugar no era el final de nada.

Era apenas una provocación.

Gonzalo Valdovinos decidió contestarla de la mejor manera posible: ganando.

  1. Gonzalo Valdovinos MEX 1:39.15
  2. Pedro Gandarilla MEX 1:39.50
  3. Luis Francisco Sanclemente COL 1:40.46

Mediotiempo

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MEDIOTIEMPO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.

INICIA LA CONVERSACIÓN