Algo está podrido en el país

Esta semana quería escribir sobre el Congreso de Entrenadores de la UEFA, al que tuve el privilegio de asistir trabajando para fifa.com.

Esta semana quería escribir sobre el Congreso de Entrenadores de la UEFA, al que tuve el privilegio de asistir trabajando para fifa.com. En él, charlé con técnicos de la talla de Vicente del Bosque, Cesare Prandelli, Carlos Bilardo y Slaven Bilic. Además, hablé con Ginés Meléndez, uno de los cerebros detrás del gran trabajo que se ha hecho en España en la última década. Pero tendrá que quedar para después. Por más que intenté evitarlo, no puedo abstraerme de escribir sobre el “reven-gate” de los seleccionados en Monterrey.

Trataré de hacerlo, sin embargo, desde una óptica diferente y más general. Algo está podrido en México. Algo que va mucho más allá del ambiente futbolístico, pero que, como extraordinario reflejo de la sociedad que es, se puede describir con los avatares de lo que pasa con los seleccionados.

Todo lo sucedido en el “reven-gate” desenmascara pedazos del desastre. Para comenzar, los dos partidos en los que no se jugaba nada más que los ingresos que se pudieran obtener del Bicentenario. Dos rivales al aventón, con un técnico improvisado, con jugadores que están sufriendo para ser titulares en Europa y que viajaron a México sólo por compromiso, en un estadio vacío y otro repleto y ante ratings bajísimos ¿Alguien entiende qué sentido tuvieron esos juegos más allá del económico?

No es sorprendente, entonces, que los seleccionados no se los hayan tomado demasiado en serio. Sobre la fiesta, les tengo una noticia. TODAS las selecciones nacionales lo hacen ¿Lo dudan? Vean este link. Se trata de jóvenes de entre 20 y 33 años en circunstancias de escasa motivación. Además, en el caso de los mexicanos, se había terminado la concentración y, de acuerdo con André Marín los jugadores incluso recibieron un documento al respecto. Dicen en la Federación que había un reglamento que decía lo contrario. Sería bueno que lo dieran a conocer, serviría de mucho para esclarecer lo que sucedió después.

Porque lo realmente grave es lo que pasó a continuación. En el medio deportivo hay dos tipos de periodistas, los que consideramos que la vida privada de los jugadores es, en efecto, privada, salvo que afecte su rendimiento en la cancha, y los que se aprovechan del morbo y con el afán de vender son capaces de publicar cualquier cosa. De un lado están “El País”, “L’Equipe” o el “New York Times”, del otro los tabloides, “The Sun”, “Bild”, “Marca” y “Récord”. Con las televisoras es igual.

Lo curioso es que son esos mismos tabloides los que dicen defender los valores de la sociedad. Pero no hay ningún mecanismo que los juzgue a ellos, a las historias falsas, a las mentiras, al cinismo. Estoy convencido de que la sanción no hubiera existido si la fiesta no hubiera salido a la luz. Salvo que el reglamento lo dejara claro (y eso no lo sabremos a no ser que la FMF lo publique), no tenía razón de ser.   No se trató de un castigo por principio, sino de una reacción a la publicación de un periódico que, en el pasado, no se ha distinguido precisamente por su credibilidad sino por querer vender ejemplares a toda costa. Me preocupa que la Federación esté sujeta a lo que salga en unos medios que no deberían tener cara como para arrojar la primera piedra. Me preocupa que, por la torpeza Directiva, los pobres manejos mediáticos y la falta de comunicación, el ambiente en la Selección esté peor que nunca. Y me preocupa también que los aficionados están metidos hasta el cuello en el mismo juego. Siguen leyendo a los medios en cuestión, y creen lo que publican o transmiten y se guían el dudoso ejemplo de quienes les dictan línea, sin reflexionar aunque sea un poco.

Me angustia la visceralidad que engloba a la sociedad mexicana. Donde lo que vende es el chisme. Donde la gente afirma que Carlos Vela debería ser suspendido de por vida del Tri, “por no echarle ganas”. Donde el futbol enciende tantas pasiones porque es mejor cerrar los ojos a lo que pasa a nuestro alrededor. Donde se ven teorías de la conspiración por todos lados. Donde rige la ley de la selva y no hay mecanismos de protección a la ciudadanía. Donde más de la mitad de los niños sufren de obesidad y las maestras siguen vendiendo dulces en el salón. Donde la izquierda y la derecha son incapaces de ponerse de acuerdo en nada y el país sigue en manos del narco. Donde hasta el “pan y circo” está plagado de violencia reprimida porque eso es lo que se respira en el ambiente.

Cuando los Periodistas mexicanos hablan del “mal ejemplo a los niños” por las actitudes de los futbolistas, siempre me dan ganas de reír. En un país con los mayores índices de violencia doméstica, tasas de obesidad, falta de preparación de los maestros, créanme que hay muchos ejemplos peores que unos chavos que se fueron de fiesta cuando se había acabado su trabajo.

El futbol es un reflejo de la sociedad. Y lo sucedido en estas semanas no hace sino confirmar que, ni siquiera en nuestros espacios lúdicos somos capaces de abstraernos de la situación que permea en el país. Ojalá que cambien las cosas, en la vida, en el deporte y con todo lo que tenga que ver con México y que en un futuro seamos capaces de diferenciar lo realmente importante de lo que no vale la pena.

Síganme en www.twitter.com/martindelp

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas