Atlas: hora de actuar

El asunto de Edson Rivera fue el mejor ejemplo de lo obtusos que pueden llegar a ser los directivos mexicanos. Nunca antes habían dejado al descubierto su falta de preparación.

El asunto de Edson Rivera fue el mejor ejemplo de lo obtusos que pueden llegar a ser los directivos mexicanos. Nunca antes habían dejado al descubierto su falta de preparación, de inteligencia y sentido común. Incluso aquellos que normalmente son astutos esta vez cayeron en la trampa del localismo y la pequeñez. Recapitulemos un poco. Antes del Mundial Sub-20 era difícil saber qué tan bueno llegaría a ser Rivera. Era una especie de Kikín Fonseca en juvenil, muy fuerte físicamente, rápido, atrabancado, con problemas para decidir y dudas de cara a gol. Se veía que podía ser talentoso, pero había que trabajarlo. Su club, el Atlas, que se caracteriza por la utilización de jóvenes, a veces de forma indiscriminada, no lo había considerado siquiera material de Primera División. El delantero acababa contrato justo antes del torneo. Su representante, Eduardo Hernández intentó renovarlo. El club le hizo una oferta ridícula (12 mil pesos al mes) y, cuando éste la rechazó, lo despidió de malos modos. En México los clubes siempre tienen ventaja y el cálculo fue, sin duda, que para no quedarse sin jugar en el Apertura 2011, agente y futbolista volverían con la cola entre las patas a su regreso de Colombia. El problema es que el mundo no funciona igual que nuestro país. Rivera fue el mejor jugador de México en el Mundial Sub-20 y, de pronto se convirtió en el objeto de deseo de muchos clubes europeos. Estaba sin contrato, así que, conforme al reglamento de FIFA, tenía todo el derecho a negociar con quien fuera. El Braga hizo una oferta diez veces superior a lo que Atlas había propuesto y Edson se fue a Portugal. Los Rojinegros pusieron el grito en el cielo y Decio de María que, pese a lo que opinan sus críticos de cabecera, suele ser el directivo más astuto del país, salió a acusar al promotor en una muy desafortunada conferencia de prensa. Fue un gravísimo error de relaciones públicas, porque resulta que no sólo el jugador tenía razón, sino que el directivo tuvo el descaro de defender el "Pacto de Caballeros", una aberración mexicana, odiada por los aficionados. La verdadera estupidez llegó después. El martes, a lo largo del día, se empezó a correr el rumor de que Rivera sería vetado de las Selecciones Nacionales. Ya en la tarde, quedó claro que había sido una propuesta de Carlos Martín del Campo, Presidente del Atlas. Indignación absoluta. Pero no sólo eso, en una entrevista con Récord, que quedará para la historia, el directivo dejó constancia de su falta de preparación, de sentido común y, pongámoslo así, de coeficiente intelectual. Las palabras del directivo son realmente asombrosas. No se sabe el reglamento de FIFA, no tiene idea de cómo funciona el futbol en el mundo, y no puede entender cómo Rivera se atrevió a rechazar su oferta ridícula e irse a otro país sin pedir permiso. Hoy, Luis Fernando Tena dijo que convocará al jugador si se le da la gana. Así que de veto, nada. Lo único que dejó esta historia es el nombramiento al directivo menos brillante del futbol mexicano. Porque, en este caso, toda la culpa es del Atlas. Hay que ser tonto para considerar que tu seleccionado Sub-20 es un juvenil cualquiera, y ofrecerle un contrato como tal. Peor aún, es una gandallada (Decio dixit) no renovar contrato a un jugador antes de un torneo internacional. Si se lesiona, se le acaba la carrera y garantizas que se muera de hambre. Cuando Rivera empezó a destacar en el Mundial, Martín del Campo debió buscarlo inmediatamente, por supuesto, no lo hizo. Y después, todavía tiene el tino de decir que se piensa quejar ante FIFA, ¡cuando lo que el directivo pretende es romper el reglamento del máximo organismo del futbol! ¿Así, o más bestia? Porque, además, el directivo está llevando al Atlas a la ruina. Desde que asumió en mayo de 2009 el equipo no ha calificado a una sola Liguilla. Antes del torneo, al ver su plantel, escribí en twitter que me parecía el candidato principal al descenso. Hacia allá va. Después de haber vendido a todos sus buenos jugadores, está colocado en el lugar 16. Se habla de despedir a Rubén Omar Romano, lo que sería una tontería. Por sus jugadores, no veo como los rojinegros puedan estar mejor de lo que están, con el técnico que sea. ¿Puerari? ¿Welcome? ¡Por favor! El club está en la ruina y sus socios, encabezados por su Presidente, rechazaron una oferta de compra de un grupo de atlistas ilustres, encabezados por Rafa Márquez y Alejandro Fernández. Ahora flirtean con Salvador Martínez Garza, un chiva de toda la vida. Una vergüenza total, pero que se vuelve necesaria porque de no hacerlo, el equipo se va a la quiebra. Hace unos meses escribí que el Atlas me caía simpático, por filosofía y afición. No merece a directivos así. Y es momento de que esos fanáticos tomen las cosas en sus manos. ¿Cómo? Dejando de ir al estadio. Boicot total hasta que se vayan Martín del Campo y sus secuaces. ¿Quieren salvar a su equipo? Es hora de dejar de quejarse y empezar a actuar antes de que sea demasiado tarde. Que la estupidez de dejar ir a su mejor talento sea la última. Y ojo que no soy atlista, simplemente no quiero que muera una de las instituciones más valiosas del futbol mexicano. Si tienes cuenta de twitter, usa el hashtag #fueraMartindelCampodelAtlas y si quieres platicar sobre este y otros temas puedes hacerlo a @martindelp o a la dirección de correo de arriba. Y si quieres leer sobre otros temas o textos más detallados, entra a www.martindelpalacio.com.

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