Los mexicanos, manipulables e ingenuos

"Yo creo que debería tirar el penal para fuera". De pronto, en la transmisión, se formuló una idea que no había pasado a nadie por la cabeza. Y en segundos, Twitter explotó.

“Yo creo que debería tirar el penal para fuera”. De pronto, en la transmisión, se formuló una idea que no había pasado a nadie por la cabeza. Y en segundos, Twitter explotó. Miles se adscribieron al novedoso concepto, como si se les hubiera ocurrido a ellos.

Como era de esperarse, Andrés Guardado hizo lo que debía, lo que su trabajo le indica: marcar desde los once pasos. Entonces, se convirtió en el villano más absurdo en la historia del fútbol mexicano. Y a quien se le ocurrió la idea original, no le importó, claro, porque la narrativa se convirtió en la que él había elegido, con todos los beneficios del caso.

Y la indignación general generó millones de comentarios en redes sociales, y dio mucho rating a los programas de análisis, y estableció la agenda para los próximos días. Y algunos más se subieron al carro en Twitter, insultando al Capitán, acusándolo de falta de ética. Y esos tweets tuvieron muchos retweets…

Influencia igual a audiencia igual a anunciantes igual a dinero. Ecuación simple.En la última semana he estado leyendo un libro espectacular, llamado “Trust me: I’m lying”, escrito por Ryan Holiday, un mercadólogo que se considera a sí mismo un manipulador de los medios.

En él, cuenta su propia experiencia, y la de otros, a la hora de provocar que las historias que ellos quieren se conviertan en masivas. Holiday hizo ganar millones de dólares a American Apparel, su empresa, y a Tucker Max, el controvertido escritor estadounidense, gracias a historias inventadas, en las que los medios de comunicación fueron el vehículo para hacerlas virales y transformarlas en dinero.

En resumen, la controversia y la indignación venden. Y mucho. Las conspiraciones, más. Cuando a la gente le dices lo que espera oír, no reacciona, pero si apelas a sus emociones más exacerbadas, tu mensaje se convierte en memorable y, en consecuencia, más gente pone atención.

Utilizado para fines productivos, es un concepto interesante. Yo mismo lo he hecho… ¡Y lo acabo de hacer ahora, con el título de esta columna! No me parece que tenga nada de malo llamar la atención. Lo que me parece grave es cuando se lleva a alguien entre las patas. Y cuando se miente para hacerlo.

Me queda claro que los narradores de TV Azteca son los mejores del medio. Son divertidos, inteligentes y saben de lo que hablan. Pero no les compro su indignación. Saben que en México el ambiente está crispado, por razones futbolísticas y –sobre todo- extrafutbolísticas, y lo aprovechan para generar audiencia. ¿Que se están llevando entre las patas al Capitán del Tri, al único jugador que ha estado a la altura de las circunstancias en este equipo horrible? ¡Qué importa! Mientras tengamos rating, todo bien.

No digo que toda la indignación popular sea causa de esta manipulación, pero sí que hay alguien intentando hacerlo activamente. Y entonces surgen los discursos moralinos, comparando a Guardado con alguien que roba “sólo porque los demás roban”, o haciéndolo ver como un mal ejemplo.

El problema es que Andrés no es lo uno ni lo otro. El fútbol no tiene nada que ver con la situación del país. En el deporte, la idea es ganarle al rival, en la vida no. En el deporte, el error de la autoridad es algo natural, no necesariamente un acto premeditado.

Guardado no tenía manera de saber con certeza que el penal estaba mal marcado. Y en consecuencia hizo lo que cualquiera (incluso quien lo criticó en la transmisión), hubiera hecho en sus circunstancias. ¡Otros se arrepintieron antes!, me dirán. Sí, pero todos en casos en los que los penales se los habían hecho a ellos.

El Capitán del Tri podía haber sospechado que no había sido mano, pero sin repeticiones, no había manera de saberlo a ciencia cierta. Y ante la duda, no hay duda. Gol.

¿Hubiera estado padre que lo fallara? Sí, pero tampoco habría resuelto nada. El gobierno sería el mismo desastre, la corrupción seguiría siendo rampante, el número de muertos no habría disminuido, el fútbol no se habría limpiado. México habría perdido, sólo eso. Quizá merecidamente.

Pero así es la naturaleza del deporte. Hace un año perdimos de una manera probablemente injusta. En 2010 el robo fue incluso mayor. ¿Alguien de los países ganadores se quejó?

Y, peor aún, el debate se alejó de las cosas que realmente importan. México ha tenido un torneo espeluznante, ¿por qué? El Tribunal Electoral absolvió a Miguel Herrera por sus vergonzosos tweets sobre el Verde, ¿es justo? Cosas que realmente importan, pero que dan menos rating.

Y quizá me maten, pero para mí tampoco es que el error arbitral en el penal haya sido tan flagrante. Me parece mucho más grave la diferencia de criterios en la amarilla a Vela (calificada como un “codazo terrible” por Martinoli… wtf) y la roja al panameño, que tampoco era ni terrible ni mucho menos. Para mí, las dos eran de amarilla.

En el penal, en la jugada en vivo, parece que el panameño embolsa el balón, obviamente de manera accidental, así que el penal nunca era, aún si hubiera tocado la pelota con la mano, pero ¿cuántas veces no se han marcado faltas así, aún sin haber deliberación?

Pero los matices no importan a la hora de emitir juicios. Y mucho menos si esos juicios dan rating, y ese rating da publicidad y esa publicidad da dinero. Unos felices y otros indignados… pero no indignados por las cosas que realmente valen la pena, y que en nuestro país van mucho más allá de un pinchurriento penal en la Copa Oro.

Como siempre, los invito a opinar en el mail de arriba, la sección de abajo y en www.twitter.com/martindelp. Y si quieren insultar, adelante, le están regalando más clicks a mi columna…

Newsletter MT
Suscríbete a nuestro boletín de noticias deportivas.
No te pierdas