Los directivos de la Federación Mexicana de Futbol parecen empeñados en seguir mostrándonos que son toda una caja de sorpresas. No conformes con ir de escándalo en escándalo en el balompié nacional, acaban de anunciar que elevarán una propuesta ante la FIFA para autorizar el ingreso de un jugador en caso de que otro resulte expulsado. Para justificar y apoyar su “inteligente” propuesta utilizan el argumento de la justicia deportiva.
Según ellos, no existe justicia cuando un equipo juega con diez elementos mientras que el otro lo hace con once. Se les olvida que aquella inequidad de la que hablan es avalada por las leyes naturales del deporte. Simple y sencillamente, el que no tiene una actitud limpia y honesta no merece participar en una competencia organizada, vaya, hasta en los llanos se castigan las indisciplinas. Tal parece que a nuestros “queridos” dirigentes no les basta con ser el centro de las críticas en el torneo local y buscan, a toda costa, una excusa para ser el foco de atención de los medios internacionales. A los hombres de pantalón largo no les importa el motivo por el que atraen a los reporteros y periodistas, lo único que quieren es ser los protagonistas de un deporte, que lo que menos necesita es una enmienda que promueva el juego violento y agresivo.
Día con día, comprobamos que a los máximos jerarcas del fútbol nacional les gusta ser objeto de comentarios adversos, burlas e insultos. La gran mayoría de las acciones que realizan denotan falta de capacidad, desconocimiento de la esencia del deporte, y un enorme afán de aparecer en la mira de millones de aficionados, quienes identifican más fácilmente a los participantes en el conflicto entre Ramos Rizo y Codesal que a los anotadores de la jornada pasada.
La idea de ser sólo un eslabón más en la extensa de cadena de elementos que existen en el futbol organizado resulta inaceptable para los empresarios y hombres de dinero que mandan en el balompié azteca, quienes quieren ser amados u odiados, pero jamás ignorados. Lo más triste de todo es que han terminado por entender que es mucho más fácil hacer tonterías que encontrar soluciones.