Con el Preolímpico iniciado el día de ayer, Ricardo Antonio Lavolpe y su grupo de colaboradores emprendieron el primer reto de las selecciones nacionales en el presente año. Sin grandes complicaciones en lo teórico y con grandes ventajas en lo práctico, el tricolor sub-23 tiene la obligación ineludible de lograr su pase a los Juegos Olímpicos Atenas 2004. En esta ocasión, no existe cabida para los pretextos y las excusas, ya que se trata de una eliminatoria contra rivales futbolísticamente inferiores, que, además, se encuentran de visita en territorio azteca.
Lamentablemente, las dudas se han vuelto a sembrar tras el infumable desempeño de la representación nacional ante Trinidad y Tobago, en un encuentro que estuvo plagado de imprecisiones y excesos de confianza por parte de los jugadores mexicanos, quienes, sin hacer caso de los antecedentes previos, se esmeraron en intentar acciones de fantasía y en buscar el lucimiento personal antes que la ampliación en el marcador, que es la verdadera finalidad del futbol. Más allá del trabajo físico y técnico que se realiza con los seleccionados, se debe trabajar en el aspecto psicológico, con el fin de hacerles entender que la supuesta supremacía de México en la CONCACAF no es sino un antecedente histórico que se ha venido desgastando con el paso del tiempo y que, incluso, ya no se encuentra apegado a la realidad, pues desde hace tiempo que Estados Unidos viene imponiéndose en los compromisos de importancia, basta con recordar la Copa América Uruguay 1995 y la derrota en la Copa del Mundo del 2002. Las enseñanzas a este respecto han sido numerosas; el aprendizaje, nulo.
El enfrentamiento ante Costa Rica, a celebrarse este viernes, será un buen parámetro para medir los alcances de los nuestros, ya que los centroamericanos cuentan con futbolistas fuertes y habilidosos, mismos que no dejarán pasar la oportunidad de aprovechar los errores que pudieran presentarse en la retaguardia mexicana. Sin duda, se tratará de un partido tenso y ríspido, en el que no se deben volver a repetir las constantes fallas en el ataque y, mucho menos, la falta de concentración en el sector bajo. Antes, se producirá el duelo ante Jamaica, el cual debe ser resuelto con facilidad.
La incertidumbre no radica en la capacidad de los tricolores, sino en la terrible costumbre de sentirse grandes sin demostrarlo, un rasgo siempre presente en la cultura nacional.