El proceso para recibir las entradas que nos dieran acceso al estadio Elías Aguirre resultó tedioso y extremadamente complicado. De manera por demás inexplicable, los organizadores decidieron que, pese a contar con acreditación de prensa, se tuvieran que asistir a recoger los respectivos boletos horas antes del partido, generando una pérdida de tiempo innecesaria y hasta cierto punto engorrosa. El sitio indicado para realizar dicho trámite en Chiclayo fue el Garza Hotel- uno de los más lujosos y modernos de esta modesta ciudad- en el que, por cierto, se aloja la selección uruguaya y el hombre que acapara los reflectores tras su intempestiva salida del Boca Juniors, Carlos Bianchi, quien se negó a charlar con la prensa internacional.
A los ocho de la mañana con treinta minutos, arribé al sitio indicado para realizar el trámite correspondiente. Un recepcionista me pidió que subiera al segundo piso para pedir información respecto al horario en el que iba a iniciar el extraño procedimiento y lo único que apareció para atenderme fue un letrero escrito en un pizarrón, idéntico al de cualquier institución educativa, que mencionaba las diez de la mañana como el principio de las actividades. Decidí salir a comprar el diario y regresar al Garza Hotel para estar cómodo y tener preferencia al momento de ser atendido. Pero la espera resultó en vano. No niego que fui de los primeros en la fila, sin embargo, y debido a la falta de organización entre el Comité Local y el de Lima, no estaba registrado en la sede de la selección mexicana. En la misma situación se encontraron varios colegas. El reloj seguía su marcha, la promesa de una pronta solución era tan recurrente como los gestos de fastidio y cansancio y los ansiados pasaportes a la primera fecha del Grupo B no aparecían; se temió lo peor cuando se comentó que las entradas asignadas para la prensa se habían agotado; afortunadamente, los organizadores hicieron gala de su capacidad de improvisación y utilizaron boletos del partido de cuartos de final, cambiaron el uno por el cero en la fecha y problema terminado. Claro, todo esto después de haber permanecido alrededor de doscientos cuarenta minutos de pié con la sensación de haber podido estar realizando las labores por las que realmente fui enviado. Acto seguido, emprendí el viaje hacia el Estadio Elías Aguirre, a donde llegue acompañado por un buen compañero del Diario La Opinión. Las inmediaciones del Elías Aguirre lucían solitarias, aunque ya los aficionados comenzaban a desfilar. El ingreso fue rápido y sin mayores contratiempos.
Siendo las tres de la tarde con treinta y cinco minutos, me encuentro en el Centro de Prensa, a la espera de que dé inicio el partido para poder narrar una nueva historia.