Los errores del pasado han vuelto a cometerse en las Águilas del América. Al menos en un principio, el regreso de Cuauhtémoc Blanco a la entidad azulcrema no ha hecho más que generar una dependencia absoluta hacia lo que haga o deje de hacer dentro del terreno de juego, provocando que el funcionamiento colectivo finque sus posibilidades de éxito en un solo hombre, apuesta sumamente riesgosa si se toma en cuenta que se trata de un elemento polémico, que entra en conflictos frecuentemente y que, dada su innegable calidad, está expuesto a una lesión en el momento menos oportuno. Basta con observar lo sucedido en el Interliga para entender lo que sucede cuando toda una estructura se soporta en la presencia de un hombre. Su retorno a la entidad de Coapa no puede ni debe ser considerado como una equivocación, ya que cualquier técnico desea contar con futbolistas capaces de marcar la diferencia sobre el rectángulo verde, y él es uno de ellos, ni duda cabe. El verdadero problema se encuentra en la incapacidad del cuerpo técnico para hallarle un sustituto o, en su caso caso, planear un sistema que permita prescindir de sus servicios y recurrir a vías alternas para lanzarse al ataque, pero ninguno de estos dos rubros ha sido atendido correctamente por la dupla Lapuente-Carrillo, que deberá trabajar arduamente para evitar que se sigan escribiendo páginas de tristezas y fracasos en el entorno americanista, que cada vez parece más acostumbrado a las desilusiones y a las promesas inconclusas.
Los aficionados del equipo de Coapa se atrevieron a dar por un hecho su permanencia en el Interliga tras la victoria ante los Jaguares de Chiapas, especialmente después de haber presenciado algunos destellos del tridente conformado por Blanco, Kléber y Claudio López, sin embargo, la confianza no tardó más que unos cuantos días en convertirse en desesperanza y temor. Desde que se anunció la ausencia por una contractura muscular de Cuauhtémoc, las dudas comenzaron a aparecer, aunque se insistía en los vastos recursos de la plantilla para asegurar que la inasistencia del estandarte emplumado a la cita con los Rayos del Necaxa no afectaría en demasía el quehacer ofensivo. En cuanto dio inicio el cotejo ante los pupilos de Raúl Arias quedó en evidencia que las Águilas pierden un altísimo porcentaje de peligrosidad cuando se ven obligadas a prescindir de los servicios del exintegrante de los Tiburones Rojos del Veracruz, quedando claro que a Francisco Torres le falta calidad y experiencia para tomar la batuta entre el mediocampo y la delantera, que el “Piojo” no puede hacer nada sin balones a modo y que “Kléber” requiere de servicios a profundidad para explotar la potencia física que posee. Pero eso no es todo. Las incursiones por los extremos se presentaron a cuentagotas y, en la mayoría de las ocasiones, concluyeron con centros mal dirigidos y que parecían más enviados por cumplir que con una idea clara en la mente.
La eliminación es a todas luces merecida. Un conjunto que pretende ser grande jamás debe fundamentar su existencia en un individuo, por muy importante que este sea. Lo más grave no es la dependencia actual, sino la repetición de la misma, pues América lleva años aceptando que el peso de una figura rebase la unidad del conjunto.