La final del Apertura 2006 reúne a los dos mejores equipos del Apertura 2006. Dicha afirmación sonaría lógica en la mayoría de los tornes futbolísticos a nivel mundial; no así en nuestro balompié, donde gracias al singular sistema de competencia que utilizamos, pueden acceder a la batalla final por el título escuadras que no obtuvieron grandes resultados a lo largo de la fase regular.
Si ingresamos a la intrincada discusión en torno a la llamada “justicia deportiva”, habrá quienes descalifiquen lo que menciono líneas arriba. De acuerdo a los números, que supuestamente no mienten, Cruz Azul y Pumas debieran estarse enfrentando en la batalla que definirá al próximo campeón del futbol mexicano. Es lo obvio, mas no lo que debemos tomar en cuenta para calificar los merecimientos deportivos de cada uno de los finalistas.
Aceptando, porque así se establece desde el inicio de la competencia, que las diecisiete jornadas anteriores a la liguilla no son más que un muy pequeño filtro para definir quiénes serán los invitados a la fiesta grande, resultaría absurdo cuestionar el porqué del adiós anticipado de celestes y universitarios. Por el contrario, vale la pena destacar las virtudes y capacidades futbolísticas de choriceros y rojiblancos, que, a su manera, comprendieron y aceptaron las circunstancias que se fueron dando para seguir con vida en el Apertura 2006. .
Guadalajara representa fielmente lo que un equipo es capaz de hacer cuando alcanza la plenitud en el instante preciso. A lo largo de la campaña regular fue inconsistente; acostumbró a sus aficionados a dar una de cal por otra de arena. La historia cambió en cuanto comenzó la liguilla: aprovechó el fácil escalón que significaron los Tiburones Rojos; echaron a Cruz Azul en los cuartos de final y congeló a su acérrimo rival en las semifinales.
Hoy por hoy, como lo he escrito en anteriores ocasiones, considero que el Rebaño saldrá como favorito para ceñirse la corona. El momento anímico por el que atraviesa es excepcional. A su buen nivel de juego se le tiene que añadir el impulso moral que cada uno de sus jugadores trae encima después de eliminar a sus dos principales enemigos en la lucha por permanecer como la institución más grande de México.
El Toluca representa la otra cara de la moneda. En el caso de los escarlatas no se puede hablar de un buen “momento”, sino de una larga temporada de éxitos. Hoy, a nadie sorprende que los Diablos Rojos estén en la gran final. Gracias a un extraordinario trabajo de la directiva y a que cada decisión ha sido bien pensada y ejecutada, no existe una institución que registre tanta constancia y efectividad en los últimos años.
Así como mencionábamos al Pachuca como un ejemplo organizacional, los mexiquenses lo son en el ámbito estrictamente deportivo. No es gratuito que en estos momentos tengan en sus pies la posibilidad de alcanzar la cifra de nueve títulos de liga y de rebasar a la Máquina del Cruz Azul.
Será el choque entre el momento y la constancia. Sería fácil apostar la regularidad del Toluca, pero en muchas ocasiones la explosión del momento sirve más que una realidad triunfadora y constituida con el paso de los años.
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