El optimismo se desborda. Al timón de la Selección Mexicana ha llegado un hombre que transpira la esencia de los triunfadores e impregna de la misma a quienes están a su alrededor. Él no sólo habla de ganar, prometer no empobrece; lo ha hecho por méritos propios en los más altos niveles del futbol mundial. Su máxima cuenta pendiente es en una Copa del Mundo, donde por una u otra razón nunca pudo alcanzar el esplendor que se le vio con los Pumas o enfundado en la camiseta merengue. Para eso llega al timón del llamado equipo de todos, para alcanzar uno de sus dos objetivos principales en su faceta como estratega: convertir a México en protagonista y sentarse en el banquillo galáctico del Real Madrid. Es Hugo Sánchez, el ególatra; el que cae mal, pero también de los pocos en este país que predican una verdad con base en los hechos y no en las promesas incumplidas.
El medio futbolístico no es el mismo de antes. El poder de convocatoria y de convencimiento del Pentapichichi supera por mucho al de sus antecesores, ni qué decir si la comparación se hace con respecto a Ricardo La Volpe, hombre inteligente y que supera a Hugo en conocimientos estratégicos pero inocente y desbocado a la hora de lidiar con la prensa y con los propios jugadores. Hugo, el de los berrinches vergonzosos a un lado de la línea de cal, el que abre las puertas del equipo verde a todos menos dos (La Volpe y Beenhakker), logró en su primer día lo que muchos otros no pudieron hacer a lo largo de su gestión: que exista plena confianza tanto hacia adentro, es decir entre jugadores y directivos, como hacia el exterior, aficionados y especialistas.
Con imágenes como la de Borgetti reconsiderando su decisión de claudicar en la posibilidad de participar como seleccionado en el Mundial del 2010 o la del “Kikín” Fonseca asegurando que ahora comprende el concepto de unión entre mexicanos manejado por el ex técnico necaxista, se puede apreciar la importancia que tiene la credibilidad a la hora de hacerte cargo de una escuadra, sea cual sea. Por Hugo, la mayoría siente admiración, o cuando menos respeto, y eso abre la puerta para recibir instrucciones con cierta apertura de criterio. No es lo mismo recibir órdenes de alguien con un currículum menor que acatar recomendaciones de quien demostró en el campo sus virtudes y talentos. No se descalifica a quienes no fueron grandes figuras o, tan siquiera, futbolistas profesionales; sin embargo, es indudable que haber sido el jugador más exitoso de nuestro balompié le otorga un extraordinario respaldo de autoridad.
Volar muy alto entraña graves riesgos. La gran ilusión que hay en torno al cuadro tricolor provoca que la atmósfera sea idónea para trabajar… hay sonrisas por todos lados. No obstante, el golpe psicológico que podría sufrir el futbol mexicano en caso de que los resultados que se obtengan a lo largo del proceso recientemente iniciado no sean satisfactorios podría derivar en una desesperanza generalizada y hasta reforzar esa idea de ver la consecución de una Copa del Mundo a cientos de años de distancia.
Se acerca el juego contra Estados Unidos. Hugo tiene en sus bolsillos a la comunidad futbolera. Viene lo difícil: mantener la comunión a la hora de los encuentros, donde cada aficionado se convierte en un técnico en potencia. Mientras llega la hora del esperado debut frente al odiado enemigo, todo nuestro balompié se siente más ganador que de costumbre, y algo tiene que ver en eso la presencia de ese hombre que gracias a su egocentrismo y a su carácter incómodo para muchos consiguió estar entre los mejores futbolistas de la historia.
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