El inicio de la batalla de la Selección Mexicana por clasificarse a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 impide que esta columna se enfoque en otro tema. La importancia del reto que comienza va más allá de si estamos a favor o en contra de la gestión de Hugo Sánchez. De la consecución o no del boleto a la máxima fiesta universal del deporte, dependerá la exposición de varias de las promesas más importantes de nuestro balompié, además del incremento o decremento en cuanto a la mentalidad con que nuestras distintas representaciones afrontarán futuros compromisos.
La figura del actual timonel de la escuadra azteca provoca, tal como lo he manifestado en anteriores oportunidades, que el fracaso o el éxito en una competencia se le adjudique a él en un alto porcentaje. Sus críticos, sin realmente pretenderlo, han tendido a olvidar las consecuencias de un posible adiós a la posibilidad de clasificar a Beijing y se han centrado en iniciar una ofensiva en contra de quien se ha colocado una mayor presión a través de sus propias palabras, siempre llenas de una seguridad que raya en la soberbia y de un egocentrismo que se detecta a kilómetros de distancia.
La obligación de culminar con éxito la Eliminatoria Olímpica no es una exclusividad de Hugo Sánchez. Cualquier técnico, llámese como se llame, tendría que estar comprometido a conseguir uno de los boletos; de lo contrario, sin distinción alguna, el despido debería darse como efecto inmediato, sin que hubiera atenuantes suficientes para considerar que se le debe otorgar una nueva oportunidad. Si a esto le sumamos el que para este torneo se cuenta con la presencia de futbolistas que fueron Campeones del Mundo, no existirá pretexto válido, pues queda claro que no hay una carencia de material humano y que en sus manos, las de Hugo Sánchez, está una generación que nació con una mentalidad distinta.
Cuando estemos observando las incidencias de los partidos de la Selección Mexicana, deberemos recordar que apoyamos a muerte a nuestro futbol, que no asistir a los Olímpicos produciría una de las decepciones de mayor calibre en los últimos años. Veamos el conjunto y olvidemos a los individuos, pus las instituciones, sobre todo cuando hablamos de una representación nacional, están por encima de los individuos.
México tiene con qué salir airoso de su primera gran prueba del año. Técnica e individualmente, somos superiores. Sólo resta esperar que Hugo Sánchez asuma su responsabilidad como maestro de orquesta de una escuadra que necesita de una ideología futbolística clara y de vanguardia. Al término del torneo, si se mantiene la carencia en la zona de concreción, tendrá que quedar muy en claro que la carencia de delanteros argumentada por el propio técnico tricolor no es tan grave como la incapacidad del mismo para acomodar a sus piezas sobre el rectángulo verde.
Mi pronóstico es que México clasificará a pesar de Hugo… ¿Cuál es el tuyo? Opina de esta columna aquí.