El veredicto de la Comisión Disciplinaria tras la pelea grupal que se suscitó antes y después de finalizar el cotejo de vuelta entre La Máquina y los Jaguares ha vuelto a empañar la imagen del balompié mexicano frente a sus aficionados. Uno entiende que no debe ser la misma sanción para el que inicia y suelta golpes a rabiar después de sentirse eliminado que para el que se defiende y aún está dentro de la competencia; sin embargo, es inadmisible que se les haya permitido a los celestes agredir y hasta después, ya que participaron de forma activa en la gresca, asumir un papel de víctimas inocentes e inofensivas.
Que los elementos capitalinos no acepten su culpa está dentro de lo presupuestado. Absurdo sería exigirles que salgan a declarar que soltaron golpes para ganarse una suspensión y así despedirse de las finales del Clausura 2008. Los de la Noria se encargaron de jugar su partida y lo hicieron bien. La falla central de esta injusticia evidente para todos, incluyendo a los propios seguidores cruzazulinos, está en la incapacidad de la Comisión Disciplinaria para ser congruente consigo mismo y con las decisiones que en casos de magnitud menor se habían tomado.
Jorge Witker, en Futbolteca, nos recuerda declaraciones de Alfonso Sabater cuando justificó sanciones excesivas argumentando que era una orden directa de la FIFA luchar por erradicar la violencia dentro y fuera de los estadios. Ayer, durante la transmisión de Salsa Deportiva, afirmé que una pelea siempre es de dos o más partes y que el pleito no hubiera pasado a mayores si los celestes hubieran optado por permitir que el árbitro central del cotejo se encargara de impartir justicia. Al instante en que los elementos del Cruz Azul (Huiqui, Domínguez, Lugo…) respondieron con agresiones quedó firmada la danza luchística que estaba comenzando.
Los Jaguares de Chiapas tienen razón al solicitar una mayor sanción para jugadores del equipo de La Noria. La aplicación del criterio para decidir qué tan diferente debe ser la sanción para el eliminado que para el que sigue adelante no es en absoluto afortunada. Incongruencia es leer el reporte del máximo dirigente de la Comisión Disciplinaria y percatarnos que intentar agredir a un rival es merecedor a un castigo exactamente igual al dado a Efraín Flores por estar inconforme con las decisiones arbitrales.
La fuerte injusticia que se está cometiendo tiene que ver con ese deseo de analizar por separado la situación de uno y otro equipo, pues es un punto que ingresa al terreno de la subjetividad. Los reglamentos están para cumplirse y para respetarse al pie de la letra. De lo contrario, tanto en el futbol como en otros frentes, se abre la puerta a especulaciones y a juegos de poder en los que unos son beneficiados mientras que otros, por falta de peso específico, reciben castigos ejemplares.
A meses de comenzar el próximo torneo de liga pasamos por alto que no todo está relacionado con la liguilla y que así como fueron benevolentes con la Máquina porque así lo decidió la Comisión Disciplinaria, se castigó sin piedad (aquí sí apegados al reglamento) a un equipo que tendrá que sortear el primer tercio del próximo certamen con fisuras fundamentales en la oncena inicial que acostumbró utilizar a lo largo de estos meses.
No sé si fue la suerte, el valor de la institución para el futbol mexicano o una búsqueda en absoluto velada de reconciliación por parte de los dirigentes de la disciplinaria con los hombres de pantalón largo cruzazulino. Lo que me queda claro es que la Máquina, más que nunca, tendría que aprovechar que hasta un organismo de la Federación Mexicana de Futbol decidió ponerse de su lado. Ésta tiene que ser la temporada del Cruz Azul.
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