La influenza porcina hizo lo que muchos aficionados e integrantes del medio futbolístico no nos atrevimos a consumar. En medio de las fuertes medidas adoptadas para disminuir lo más posible los efectos de este virus, los estadios se quedarán vacíos y los jugadores escribirán sus historias sin la presencia de quienes los llevan al cielo o al infierno, según corresponda a su actuación sobre el terreno de juego. Si la epidemia en sí misma nos llama a valorar la vida y a reflexionar sobre las alteraciones que a cada momento sufre nuestro ecosistema, en lo que respecta al deporte, posibilita que se revalore la posición del aficionado en el mundo del balompié profesional y que se reconozca a los seguidores como aquellos elementos que marcan la diferencia entre un ídolo multitudinario y un futbolista cualquiera, que lo mismo puede jugar sobre un rectángulo verde inmaculado que sobre una cancha improvisada en una calle cualquiera. La preocupación de los directivos en cuanto a las pérdidas económicas que sufrirán por no contar con el ingreso de los aficionados en cada uno de los estadios es entendible. La epidemia de influenzs pega con fuerza desmedida a diversos sectores de la economía nacional, entre ellos al futbol y sus componentes. Las gradas vacías equivalen a nulos ingresos por concepto de entradas y a ningún consumo de alimentos y productos dentro de los estadios. El ejemplo es cruel. Lastimoso es que tenga que ocurrir una situación semejante para que el aficionado tenga oportunidad de medir los alcances de su presencia o ausencia. Bajo el ambiente de miedo e inseguridad que priva en cada rincón del país, los seguidores del balompié pueden observar cómo los hombres de pantalón largo buscaron prolongar la decisión de cerrar las puertas de cada uno de los enfrentamientos. Los fanáticos del futbol se han acostumbrado a pensar que ellos nada pueden hacer por su equipo. El presente demuestra lo contrario. Si miles de seguidores decidieran en conjunto no asistir al estadio Azteca para no premiar la mediocridad de los suyos; si la afición cementera se uniera para no gastar ni siquiera un peso en un equipo que se ha cansado de decepcionar; si el Universitario no registrara llenos espectaculares para recibir a cambio humillaciones forasteras, Directivas, jugadores y Cuerpos Técnicos se verían forzados a extremar medidas y a cumplir cabalmente con la misión de satisfacer las exigencias de sus seguidores. La retórica manipuladora de la industria del futbol dirá que un buen aficionado está en las buenas y en las malas. La premisa es válida si un equipo lleva unos cuantos partidos sin levantar la cara, si se ve una posibilidad de avanzar, pero no cuando la crisis y la mediocridad se convierten en estilo de vida. Debemos aprender a ser más exigentes. Separarse un momento de nuestro equipo predilecto puede ser igual o más complicado que no ver a nuestras respectivas novias. Sin embargo, hay ocasiones, como ocurre en las relaciones humanas, que hacemos más daño estando cerca que lejos. ¿De algo sirve que los aficionados canten todo el tiempo afirmando que América tiene que ganar? Sólo para dar color e importancia a un equipo que no hace caso a la súplica ni en la tarde ni en la noche. Este fin de semana, te recomiendo mirar las tribunas. Pon atención y piensa que los gritos desesperados de Jesús Ramírez, Benjamín Galindo y compañía se escuchan como si estuvieran en un partido llanero por el simple hecho de que tú no estás ahí. Mira lo que se lograría si no asistieras al estadio, si no los encumbraras por unos cuantos aciertos. El vacío de esta semana es forzoso y saludable para los aficionados, pero, haz tu parte, y muéstrate indiferente con tu escuadra en el futuro inmediato para ver si así se dan cuenta que el corazón de los aficionados se conquista partido a partido. La influenza porcina hizo lo suyo. A los directivos les duele que sus bolsillos no se incrementen. Castígalos, déjalos sin ingresos y dudo mucho que vuelvan a mencionar que para ver el espectáculo se vaya al circo o que ganar, en ocasiones, es cuestión de suerte.
El castigo al futbol
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