La decisión de impedir que los clubes mexicanos continúen participando en la Copa Sudamericana resulta entendible, pese a que nos resulte incómodo estar obligados a respetar las órdenes de la CONCACAF. El órgano rector de nuestra zona está en su derecho de exigir que los diversos componentes del balompié nacional se atengan al nivel, circunstancias y entorno que nos corresponden por cuestiones geográficas y estructurales.
CONCACAF actuó conforme a derecho. Si de cuestionar se trata, podríamos mencionar que se equivocó en los tiempos y que un anuncio de este tipo debió realizarse antes de que la Federación Mexicana de Futbol reiniciara relaciones con la CONMEBOL, de tal forma que los planes estuvieran claros desde el principio y que no hubiera necesidad de provocar alteraciones a un Torneo que, gracias al Pachuca, siempre gozará de un lugar especial dentro de la historia balompédica de nuestro país. Sin embargo, el fondo de este tópico no presenta injusticia alguna por parte de la entidad dirigida por Jack Warner y Chuck Blazer.
Los insultos populistas de José Luis Sánchez Solá encuentran justificación bajo un sentido egoísta y que no ve más allá de su propio panorama. El equipo de La Franja, en vez de ponerse a despotricar como si hubieran realizado una extraordinaria planeación para afrontar el Torneo continental, tendría que concentrarse en resolver sus múltiples diferencias internas y en provocar que la atención mediática hacia el equipo esté por encima de un técnico motivador que amenaza con irse a la menor provocación.
A diferencia del Puebla y su técnico-vocero, los Rayados del Monterrey asumieron una postura sensata y respetuosa, aunque sin el impacto del que tanto gusta el técnico de moda en el futbol mexicano. Los hombres de pantalón largo del cuadro norteño se limitaron a lamentar los hechos y a solicitar a la Federación Mexicana que busque alternativas para encontrar espacios a los jugadores "sobrantes", es decir, a los que difícilmente tendrían minutos de juego sin que el equipo vea acción en la Copa Sudamericana.
El camino sencillo y más atractivo para el grueso del medio futbolístico radica en patalear y en hacer rabietas por la orden emanada de la CONCACAF. Incluso reconociendo que está decisión viene acompañada de presiones dignas del siglo pasado por parte de Televisa, empresa que próxima a lanzar su propio canal de deportes en televisión de paga pretende disminuir al máximo la presencia de escuadras mexicanas en la pantalla de otras televisoras, y el canal ESPN, que se encargó de proteger su inversión en la Concachampions, hoy reconozco que estoy agradecido porque nuestro futbol pertenece a esta región. Sólo aquí, al menos de acuerdo a las dos opciones en el continente, es posible clasificar a las Copas del Mundo con un nivel que va de bajo a mediocre.
Todo elemento en la vida tiene sus pros y sus contras. Ser de la CONCACAF, nos permite soñar con Sudáfrica 2010 y eso, al menos para mí, vale más que una participación en la Copa Sudamericana. Sí, entiendo que esta visión resulta un tanto conformista, pero si el futuro inmediarto nos presenta un poco de luz, es gracias a esa entidad que tanto nos encargamos de criticar.