Futbol
Editorial Mediotiempo
Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Al Mundial a pesar...

La redentora intervención de Javier Aguirre al frente de la Selección Mexicana abre las puertas a la felicidad de quienes cada cuatro años nos emocionamos ante la posibilidad de que nuestro balompié sorprenda al mundo a través de su buen futbol. Sin embargo, bajo una atmósfera tan positiva como la actual, en la que nos encontramos plagados de esperanza y a la espera de la confirmación del boleto a Sudáfrica, pasan desapercibidos aquellos que hoy presumen las victorias y que se escudan en ellas para empolvar las cuentas negativas que obligaron a tomar decisiones de emergencia para evitar el hundimiento del barco. Los triunfos lo pueden todo, incluso gozan de la no siempre positiva facultad de abrazar a quienes no han cumplido cabalmente con su misión, pero que deciden colgarse de los resultados satisfactorios para justificar su administración.  El medio futbolístico nacional, incluyendo a los aficionados y medios de comunicación en este rubro, muestra propensión a olvidar el pasado ante la mínima de las provocaciones. En medio de la alegría que provoca observar a un conjunto que entiende su misión sobre el terreno de juego y cómo luchar por cumplirla satisfactoriamente, se pasa por alto la necesidad de señalar con claridad y contundencia a los individuos que nos llevaron a tener que festejar en el Ángel de la Independencia la consecución de tres unidades ante rivales de la CONCACAF. Si México se impone a Honduras y enfila hacia suelo africano, será a pesar de Justino Compeán y Decio de María. Ambos se han manejado como si estuvieran dirigiendo una empresa alejada del deporte. Presumen las finanzas, hablan de millones de dólares y acuden a los propietarios de cada uno de los equipos con un desparpajo que espanta. El signo de dólares es lo que importa. Que el tricolor estuviera a punto de quedar fuera del Mundial  por las desafortunadas elecciones de Hugo Sánchez y Sven-Göran Eriksson es lo de menos para los dos “máximos empleados” de Azcárraga, Salinas y compañía. Compeán y De María hoy ostentan una sonrisa que no les corresponde, que no es suya y que no tendrían por qué utilizar para revaluarse como hombres de peso en el órgano rector del futbol nacional. La madurez en la victoria es parte fundamental de quien realmente aspira a ser grande. Esta noche, mientras observamos el rendimiento del Tri sobre la cancha del Coloso de Santa Úrsula, recordemos que el boleto a la máxima justa balompédica del orbe era, en principio, un paso obligado. Nuestra visión inicial radicaba en alcanzar el quinto partido de la Copa del Mundo, no en terminar festejando el acceso a una competencia en la que debemos estar por nivel, infraestructura y talento. Si Justino y Decio lo olvidan, los medios de comunicación y aficionados no debemos hacerlo. A partir de las estadísticas y de los hechos, habrá que ser fríos en el análisis y advertir que si el equipo de más de cien millones de mexicanos accede a Sudáfrica 2010, no será gracias a ellos, sino a pesar de ellos.  
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