La convocatoria del hermano menor de Giovani registra elementos suficientes para considerar que su arribo a la representación tricolor se dará bajo un ambiente propicio. A diferencia de lo ocurrido con los jóvenes que fueron Campeones del Mundo Sub- 17, Jonathan vestirá la camiseta nacional sin expectativas desmedidas y sin la presión de cambiar la negra historia de nuestro balompié. Se le percibe como un valor añadido, no como una solución a la seguidilla de enfermedades que padece el futbol mexicano. El entorno del equipo verde ha dado un giro de ciento ochenta grados. Las promesas desmedidas de Hugo derivaron en una carga emocional imposible de manejar para una parte considerable de quienes buscaron el boleto a los Juegos Olímpicos. Enseguida, el globo desinflado se transformó en una urgencia de resultados acompañada del desconocimiento de Eriksson. En la actualidad, después de padecer el costo de la retórica triunfalista y de las malas cuentas, el barco navega por aguas tranquilas y puede ofrecer al menos las condiciones mínimas necesarias para incorporar a un nuevo viajero. No es lo mismo intervenir dentro de la sensación de catástrofe, pocos como Javier Aguirre para este tipo de suertes, que arribar a un territorio en el que no se necesita de alguien que se despoje de su proceso natural para llevarnos a la cumbre. El principal riesgo que se percibe en el espectro está relacionado, aunque duela reconocerlo, a los medios de comunicación. El tiempo ha comprobado que en ese afán por contar con héroes que convirtieran nuestro tragicómico pasado en una aventura épica, impulsamos la aceleración de los procesos y destrozamos a quienes tenían y tienen mucho que aprender para ser los abocados a lidiar con el peso de una camiseta que encierra futbol, pero también una demanda de victorias fundada en la escasez de noticias positivas en términos de economía, sociedad y cultura. A un joven prometedor hay que tratarlo como tal. Debe exigírsele de acuerdo al rol que le corresponde. La asignatura de Jonathan consiste en convencer a Javier Aguirre de que debe volver a ser tomado en cuenta. Cualquier otro cuestionamiento, caerá en el área del extremismo, en esa dañina costumbre de buscar protagonistas abruptos para añejas problematicas. Si Jonathan juega frente a Colombia, espero que lo haga bien, pero no sé qué tanto. Lo digo porque los extremos terminarían dominando a los medios de comunicación y se abriría la puerta a muchas de las vicisitudes recorridas por Carlos Vela y Giovani, entre otros. En este punto, la posición en que se desempeña el hoy jugador del Barcelona puede contribuir a que no se incurra en los excesos. Un medio de contención no luce tanto como un delantero, por lo que incluso aquí encontramos una palanca de optimismo para su proceso. A Jona, hay que exigirle respeto a sí mismo y madurez para manejar los elogios. A los medios de comunicación, responsabilidad a la hora de evaluar a quien apenas dará sus primeros pasos con la casaca del equipo de más de cien millones de mexicanos.
El proceso de Jona
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