Se extingue uno de los Torneos más ignorados en la época reciente de nuestro balompié. La penúltima Jornada de la Fase regular del Apertura 2010 osciló entre las voces que reclaman modificaciones al modo con que opera el futbol profesional en nuestro país y el boleto de las Águilas a la Fiesta Grande.
Quien entienda que el balompié forma parte de la industria del entretenimiento, aceptará que lo mencionado por Jesús Martínez y Jorge Vergara, entre otros, es una realidad ineludible. Si la Primera División sigue manejándose como hasta ahora, con técnicos que descalifican el concepto de espectáculo y con jugadores que no piensan más que en seguir percibiendo grandes cantidades de dinero a cambio del mínimo esfuerzo, el producto futbol continuará perdiendo fuerza y registrará, como ha sido hasta el momento, asistencias menores en los estadios.
Justino Compeán tiene parte de razón al declarar que las realidades de México son muy distintas a las de la MLS y a las de la Premier League. Cada certamen posee características particulares y un ADN que lo hace ser de tal o cual forma. Lo que no puede permitirse es que la viciada naturaleza de nuestro entorno se transforme en válido pretexto para oponerse a un cambio que o llegará por convicción o por una crisis que tarde o temprano estallará.
A nuestro balompié siempre se le cataloga como un producto que prepondera los intereses económicos sobre los deportivos. Al revisar a profundidad lo que se hace, encontramos que ni siquiera en el rubro del dinero se hace todo lo que tendría que realizarse. Por irse al modelo de negocio tradicional de basarse en la Selección Mexicana, se olvidan los alcances de una Liga en la que se cumplan las exigencias de los aficionados.
El reto para dueños y directivos es amplio. Tendrán que atreverse a cambiar de paradigma si es que quieren mejorar lo que hoy en día se tiene; de lo contrario, los espacios vacíos en los estadios serán cada vez más numerosos y los índices de rating cada vez más pobres, punto que empieza a significar un dolor de cabeza para las mismas empresas que tanto han perjudicado el desarrollo deportivo: Televisa y TV Azteca.
Mientras se define si gana la terquedad conservadora de Justino o la visión de Vergara, se vale aplaudir el boleto de las Águilas del América a la Liguilla. Sigo sin estar convencido de lo que ofrecen, pero desde el principio comenté que Manuel Lapuente suele ser garantía cuantitativa. Ya instalado en las instancias definitivas, el equipo de Coapa será mucho más peligroso de lo que parece y no sería raro que coquetee con la posibilidad de llevarse la corona, aunque lo haga jugando de forma fea y rudimentaria.
DE SALIDA
Antes de concluir este editorial, quiero felicitar a la Selección Femenil por su extraordinario pasaporte a la Copa del Mundo. Será un gusto observar a Leonardo Cuéllar y sus pupilas en la máxima justa balompédica del orbe de la rama.
Espero sus comentarios en mcabrera@mediotiempo.net y a través de @macafut en Twitter.