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Martín del Palacio

Vucetich, Wenger, Mourinho y el final de los ciclos

Jueves 21 de Febrero del 2013



Cuando Pep Guardiola se despidió del banquillo del Barcelona, afirmó que “se había vaciado”, y que ya no encontraba la energía para seguir siendo entrenador del club de sus amores. Había durado cuatro años en los que lo había ganado todo en la cancha y formado un equipo que había quedado grabado en la historia, pero que también lo había dejado casi calvo y completamente agotado.

No fue tampoco una coincidencia que el técnico culé se despidiera tras una temporada en la que se le habían escapado todos los trofeos importantes. Pep sentía que su ciclo había terminado y quería irse antes de que se le recordara más por un posible declive que por los triunfos y la gloria conseguida durante casi todo su mandato.

Esta última frase podría describir perfectamente los últimos años de Arsène Wenger. El técnico francés revolucionó al futbol entero cuando se hizo cargo del Arsenal. Cuando llegó, las grandes estrellas del equipo comían hamburguesas antes de los partidos y, al terminar, ahogaban sus penas con cerveza en el pub. Wenger profesionalizó por completo la cultura del club. Fue el primero en requerir un compromiso de tiempo completo, en el que los futbolistas fueran responsables de su dieta y su condición física incluso estando en su casa, y también fue un pionero en la detección de talento joven allende las fronteras inglesas. Añadió un enfoque científico que no se conocía hasta entonces, y los resultados no tardaron en llegar. Los Gunners se convirtieron en el primer campeón invicto de la Premier.

Sin embargo, pronto otros imitarían y mejorarían la receta. Después de su exitosísimo inicio en el Arsenal, Wenger ha sido incapaz de ganar un trofeo en ocho años, pese a gastar tanto o más que sus rivales al título. El técnico galo no supo reinventarse y tampoco entendió el momento en que su ciclo había terminado. Se ha vuelto parte del mobiliario Gunner y se mantiene en el timón más por nostalgia que por capacidad. Su legado ha quedado empañado por estos últimos años de sequía.

Quizá más que la vida misma, los ciclos en el futbol duran poco y se requiere una constante renovación. En general, los equipos (y los técnicos) más exitosos son aquellos que entienden cuando es momento de hacer un cambio. En su extraordinario libro “El arte de aprender”, el ex niño prodigio del ajedrez y campeón de artes marciales Josh Waitzkin, señala que para ser exitoso en el alto rendimiento una persona necesita ser capaz de aprovechar los eventos traumáticos y convertirse en una mejor versión de sí mismo; y que los realmente buenos son aquellos que pueden crear sus propios eventos traumáticos y saberse beneficiar de ellos.

Si uno lo reflexiona, tiene lógica. Cuando uno llega a un trabajo, empieza una relación o arranca un proyecto, en un principio está lleno de entusiasmo, pero con el paso del tiempo empieza a acostumbrarse y después de un rato lo que al principio parece genial, se vuelve aburrido o hasta rutinario. Si uno no es capaz de encontrar nuevos incentivos, pronto estará frustrado con lo que en un principio le parecía maravilloso.

Sir Alex Ferguson es el máximo exponente de la reinvención dentro de un mismo club pero quizá el experto en crear y aprovechar crisis sea José Mourinho. El técnico portugués parece alimentarse del caos y generarlo en el momento que más le conviene. Duró poco en el Porto, duró poco en Chelsea, duró poco en el Inter, y se fue siempre en momentos de gloria. En el Real Madrid ha tardado demasiado, en buena medida porque no ha podido conseguir sus objetivos, y está claro que ya pasó el límite en el que tanto a él como a sus jugadores les entusiasmaba trabajar juntos. Por ello, dudo mucho que se quede al terminar el torneo. Tan inteligente como es, entenderá que debe empezar un nuevo ciclo en otro lado, y volverá a tener el éxito de siempre.

Y eso mismo tendrían que plantearse tanto Monterrey como Víctor Manuel Vucetich. Todo indica que el tercer lugar en el Mundial de Clubes fue el canto del cisne de un equipo que claramente ya cumplió su ciclo. En este caso quedan dos opciones, o cambiar por completo al plantel, o conseguir un nuevo entrenador, que motive a los jugadores y esté motivado él mismo. Obviamente, sucederá lo segundo, y mejor que sea antes que después. Por plantel, los regios deberían estar en la cima, y por capacidad, el técnico debería estar en un equipo que pelee el título. Sólo que, en este momento, el desgaste es demasiado y ya no están hechos el uno para el otro. A final de cuentas, Alex Ferguson sólo hay uno, a los demás les toca reinventarse una y otra vez en lugares diferentes.

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