Martín del Palacio

Sir Alex Ferguson, las Chivas y los proyectos coherentes

Jueves 9 de Mayo del 2013



Como ya todo el mundo sabe, Sir Alex Ferguson anunció ayer su retiro. El técnico escocés se va en la cima de sus capacidades, tras haber coronado campeón a su equipo por décimo tercera vez en las veintiuna temporadas de vida de la Premier League hasta ahora. Deja el futbol como una leyenda y como un ejemplo a seguir. Será recordado como uno de los más grandes, sino el más grande técnico en la historia del juego.

Su sucesor será su compatriota, David Moyes, que ha tenido un éxito comparable –aunque en mucho menor escala- con el modesto Everton, al que campaña tras campaña consiguió llevar a puestos más altos que lo que su plantel hacía suponer. Si me han leído por algún tiempo, saben que el principal vaticinador del rendimiento de un equipo es la calidad individual de sus jugadores, así que ganarle a la casa por tantos años es consecuencia de una gran capacidad.

Pero también recordarán que, en mi opinión –basada en estadísticas- el talento en un técnico juega un rol muy secundario en el éxito de un equipo. Mucho más importante es el entorno en el que se desempeñe y, en ese sentido, si me obligaran a apostar, diría que los Diablos Rojos habrían mantenido su dinámica ganadora con su cualquier entrenador de calidad, por las mismas razones por las que triunfó el anterior.

En Manchester, Ferguson era la cabeza de uno de los equipos técnicos más profesionales del futbol mundial. Nada se deja a la improvisación. Para darles una idea, el equipo tiene 8 médicos deportivos en su staff, que trabajan todos los días con los futbolistas y ese es sólo un botón de la muestra. El entrenador escocés fue quien estableció esos cimientos, pero supo rodearse de gente inteligente que construyó un edificio que se ha mantenido incluso después de un polémico cambio de dueños. Además, tras haber cometido el error de promover a un entrenador no probado, como Carlos Queiroz, en su primer retiro, Ferguson ha elegido con cuidado a su sucesor, que tiene las características perfectas para heredar el proyecto: inteligente, trabajador y sobrio.

Así, Moyes tiene todas las herramientas para triunfar en Manchester, porque es el último engranaje de una maquinaria muy bien engrasada. Un engranaje de alta calidad, eso sí, pero no el que la hace funcionar. Si sale defectuoso, la estructura puede sufrir desperfectos, que se corregirán cuando se cambie por uno que funcione, pero difícilmente se detendrá por completo.

Y eso es algo que deberían entender la mayor parte de los dueños del futbol mexicano y uno en particular: Jorge Vergara. En nuestro país se suele repetir que la continuidad de un técnico es la base de los buenos resultados, pero es un error de concepto. Es la continuidad de un proyecto coherente lo que te hace un ganador. Lo ha hecho Santos, lo ha hecho Tigres y lo ha hecho Monterrey. En América lo están intentando, Pumas está pagando el haber destrozado el suyo y en Cruz Azul las grillas le impiden ponerle la cereza al pastel desde hace muchos años. El único que está totalmente a la deriva es Chivas.

Salvo por las fuerzas básicas, en el equipo tapatío las cosas se hacen cada vez más sin ton ni son. Lo que Jorge Vergara no ha entendido en todo su tiempo en el futbol es que lo importante es la estructura, no los nombres. Más grave que los cambios de técnico (que de por sí muestran una ineptitud total en la elección de candidatos) o las contrataciones absurdas son los constantes movimientos en la cúpula directiva. El doctor se volvió el director deportivo, el director de fuerzas básicas fue técnico y luego otra vez volvió a fuerzas básicas. El técnico fue director deportivo y luego técnico de la filial en Estados Unidos. El prestigioso asesor internacional dirigió por control remoto y se fue a los 6 meses. Un caos absoluto.

Y la consecuencia es precisamente lo que los medios critican superficialmente: no hay técnico que se mantenga, se debutan jugadores muy pronto y luego se les relega al olvido, la política de fichajes cambia todo el tiempo, el estadio está vacío. Todo viene del mismo problema, que se genera desde la cúpula.

Si el máximo legado de Sir Alex Ferguson en el Manchester United será el trabajo continuo y estructurado en un proyecto coherente, el de Jorge Vergara, cuando venda al equipo, será la demostración de que por mucho entusiasmo que se tenga la improvisación y la impaciencia son la receta perfecta para el fracaso. Y, por ello, el nombre de uno quedará para la historia y el otro será borrado de los libros en cuanto cierre la puerta detrás de sí.

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