Egipto en los pies de Esraa

Desde un punto de vista occidental, la vida le ha metido muchos goles a Esraa Osama Awad. Aguantar los abusos y gritos de la niñera que se hacía cargo de ella y su hermana menor cuando sus padres...
Desde un punto de vista occidental, la vida le ha metido muchos goles a Esraa Osama Awad. Aguantar los abusos y gritos de la niñera que se hacía cargo de ella y su hermana menor cuando sus padres trabajaban en Kuwait.
 Desde un punto de vista occidental, la vida le ha metido muchos goles a Esraa Osama Awad. Aguantar los abusos y gritos de la niñera que se hacía cargo de ella y su hermana menor cuando sus padres trabajaban en Kuwait.
Ciudad de México -
  •  Con 12 años era capitana de un equipo de niños y, posteriormente, de las niñas de secundaria

Desde un punto de vista occidental, la vida le ha metido muchos goles a Esraa Osama Awad. Aguantar los abusos y gritos de la niñera que se hacía cargo de ella y su hermana menor cuando sus padres trabajaban en Kuwait, su ciudad natal, así como aprender a ignorar el ruido del tiroteo debajo de su casa a la hora de la cena a principios de los 90 --durante la Guerra del Golfo--, son los primeros recuerdos que la futbolista de apenas 1.54 centímetros de estatura atrapa cuando se le pregunta por su infancia.

Sin embargo, la adversidad es una palabra que Esraa nunca ha aprendido a pronunciar: "Llevo conmigo las experiencias buenas y malas, pero el futbol siempre ha sido mi cura", dice la joven que gracias a la denuncia de sus vecinos pudo zafarse de la niñera e ir a la escuela.

"Gracias a que unos vecinos del edificio alertaron a mis padres sobre la niñera, pude ir a la guardería. Ahí comencé a jugar. Un día pateaba el balón con un niño quien me lo regresó tan duro que me pegó en la cara y sacó sangre de la nariz. Las maestras vinieron a auxiliarme, yo ni siquiera estaba llorando, lo único que quería era que se apuraran y me dejaran seguir jugando".

Desde ese momento su madre, maestra de árabe, y su padre, vendedor, tenían claro lo que la pequeña Esraa quería de las jugueterías: un balón de futbol. A cambio, sus obligaciones serían dar lo mejor de sí en la escuela.

"Somos tres mujeres y un hombre. Yo soy la de en medio y la más cercana a mi padre por el futbol, él me enseñó algunas cosas”, comenta la pícara jugadora “me hacía competir con niños dondequiera que fuéramos y, cuando me veía ganar, era el más orgulloso".

A la edad de 12, ya era capitana de un equipo de niños y, posteriormente, de las niñas de secundaria. Por eso, la prensa escribió sobre ella: "era la niña que pateaba los traseros de los hombres (a pesar de que un principio me amenazaban) y una estrella en la escuela donde también era tan famosa como en los equipos contrarios".

La guerra del Golfo obligó a sus padres a partir hacia Egipto –de donde son originarios-- durante un año. Sin embargo, quince años después, el viaje se repitió pero esta vez no hubo retorno.

Esraa había dejado atrás su historia y amigos, pero también los comentarios negativos por jugar futbol. Empacó en la bolsa de mano sus medallas --igual que como lo hace cada que viaja-- y alargó el sueño: Jugar en un club. Lo logró a la edad de 15.

"De hecho me pagaban, poco, pero nada me detenía para jugar futbol". Su entrenador era también su maestro de escuela y de vida, aún sigue agradecida por haberle enseñado a confiar más en sí misma.

La niña veloz de piernas cortas que practicaba los pases en una pared, llegó a la selección nacional de Egipto en el 2007. Nuevamente se convirtió en una pieza clave en el equipo y era a ella a quien elegían para dar entrevistas a los medios.

Fiel al futbol, la jugadora que usó el jersey número 17 hasta el año pasado con el conjunto nacional (cuando renunció debido a una lesión en el tobillo que no le supieron tratar), sabe llevar con orgullo su pasión y su religión: la musulmana.

Durante el mes del Ramadán (julio) practica el ayuno –no beber ni comer nada-- desde el amanecer hasta que se pone el sol sin importar que tenga partido o entrenamiento.

"No es tan duro como parece. Estoy acostumbrada a hacerlo incluso si hace calor, vivo en el Cairo", dice la jugadora cuyo cabello es tan negro como el de las pelucas de las faraonas egipcias.

Los incontables logros de la mediocampista que actualmente juega en el equipo de Wadi Degla –actual conjunto campeón y ganador de 7 títulos consecutivos--, sellan la imagen de una futbolista que nada la detiene en un país donde los derechos de las mujeres todavía se resumen en una cifra: 92% de las egipcias casadas, entre 15 y 49 años, han sido sometidas a mutilación genital femenina.

Por eso, ser campeona goleadora en secundaria, ganadora de tres ligas en el nivel profesional, así como de cinco torneos y nombrada la mejor jugadora de la temporada 2009-2010, dan cuenta del fruto de sus pequeñas rebeliones.

Así es como Esraa a sus 29 gambetea también por el mundo como activista "conocí a Discover Football en el 2013 (una Fundación alemana que promueve el futbol femenil en el mundo) y este año me invitaron a Líbano a compartir mi experiencia con niñas de campos de refugiados; les dimos talleres y las enseñamos e invitamos a jugar futbol. Al final, hicimos un torneo entre ellas".

Los comentarios que últimamente Esraa escucha, especialmente de padre, su principal promotor para el juego del futbol, son que se consiga un trabajo porque en la cancha sólo puede ganar 1250 libras egipcias (140 euros aproximadamente), mientras su carrera de Comunicación Social que estudió con especialización en publicidad y relaciones públicas se está empolvando. Esraa sólo quiere más futbol y espera paciente su entrada desde la banda al campo laboral.

 

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