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Columna de Mauricio Cabrera Editorial Mediotiempo

Los robos americanistas

Que el máximo directivo de un equipo venido a menos a lo largo de los últimos años salga a denunciar un robo arbitral implica un gran acto de irresponsabilidad. Pese a que sí se presentan los errores del hombre de negro, Michel Bauer tendría que concentrarse en el pésimo desempeño de su equipo y en la pérdida de una identidad histórica que nada, salvo los colores, tiene que ver con el presente. Las quejas del presidente del América tendrían valor si se tratara de un equipo que ya mostró algo sobre el terreno de juego, que ostenta un título que avale su calidad futbolística o que al menos fuera del agrado de los aficionados. Las Águilas no cumplen ninguno de estos conceptos, por lo que las pifias del silbante no son más que uno de los mil obstáculos insuperables para una escuadra que no contrató bien y que decidió apostar, como por arte de magia, a sus fuerzas básicas, las mismas que han visto desfilar nuevos "valores" sin que realmente hagan honor a la camiseta que visten. La entidad de Coapa tendría que comprender que los cuestionamientos van más allá de lo ocurrido en el partido ante los Tuzos. Lo preocupante en el entorno azulcrema no es que se haya perdido ante los hidalguenses con dos equivocaciones arbitrales incluidas, sino que sus propios directivos decidan escudarse en las mismas, como si fuera el único elemento responsable de un nuevo abucheo en el cada vez menos poblado estadio Azteca. Seamos extremos y digamos que sí, que hubo un robo en el Azteca. Pero también seamos extremos al juzgar al actual América, en el que se presenta el robo de su naturaleza, el robo de ilusiones al haber convertido al cuadro emplumado en uno del montón, al que ya ni siquiera viste tanto ganarle. Así como Bauer señaló las decisiones incorrectas de José Alfredo Peñaloza, tendría que apuntar el cúmulo de pifias de Jaime Ordiales, quien asegura no haber gastado 30 millones de dólares, sino "invertido". Juego de palabras que desnuda la soberbia de un América en el que, desde la perspectiva de quienes toman las decisiones, hay muchos responsables externos y ninguno interno. Insisto, el problema va más allá incluso de la obtención de un título. Este América es como cualquier otro y su esencia nos dice que tendría que ser exactamente lo contrario. Lamentablemente, el robo a la filosofía de las Águilas sigue perpetrándose y no se ve para cuándo se detenga. RAYADOS A LA MEXICANA Con Monterrey hay que ser paciente, pero también crítico. Como buena oncena mexicana, la Pandilla saltó al rectángulo verde con la firme disposición de permitir que le abollaran la corona a las primeras de cambio. Al final, si clasifica a la fiesta grande, nadie se acordará del tropiezo y todo quedará en ese olvido tan conveniente para el balompié nacional. Aún así, me hubiera gustado ver a los regiomontanos mucho más comprometidos y con auténticos deseos de hacer algo más que decepcionar apenas unas semanas después de coronarse. EN LOS EMPARRILLADOS ¿Vieron el soccer o el americano? Casi seguro estoy que ambos, por lo que no quiero dejar de mencionar el impacto que sigue gestándose alrededor de los Halcones Marinos de Seattle, que con todo y marca negativa acabaron con el reinado de los Santos de Nueva Orleans. Aprovecho para invitarlos a que sigan la cobertura de los playoffs de la NFL en Medio Tiempo. Y para los que, como yo, son seguidores de San Francisco, no queda más que disfrutar el buen juego y pensar en el mediocre consuelo de que ya vendrán tiempos mejores. De salida Espero sus comentarios en mcabrera@mediotiempo.net o a través de @macafut en Twitter.
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