El último que salga...¡que apague la luz!

En un estadio techado, a prueba de lluvia y de viento, con cómodas butacas, pantalla gigante y servicio de dulcería, los aficionados a La Máquina de Cruz Azul sufrieron por la derrota de su equipo...
En un estadio techado, a prueba de lluvia y de viento, con cómodas butacas, pantalla gigante y servicio de dulcería, los aficionados a La Máquina de Cruz Azul sufrieron por la derrota de su equipo ante Monterrey.
 En un estadio techado, a prueba de lluvia y de viento, con cómodas butacas, pantalla gigante y servicio de dulcería, los aficionados a La Máquina de Cruz Azul sufrieron por la derrota de su equipo ante Monterrey.  (Foto: Notimex)
Ciudad Cooperativa Cruz Azul, Hidalgo -
  • En silencio y desilucionada, así abandonó la afición las calles de Ciudad Cooperativa

En un estadio techado, a prueba de lluvia y de viento, con cómodas butacas, pantalla gigante y servicio de dulcería, los aficionados a La Máquina de Cruz Azul sufrieron por la derrota de su equipo ante Monterrey. En el Cine Club Cruz Azul en la Ciudad Cooperativa, pocos pero ruidosos, se juntaron los amigos, las familias y los estudiantes que aprovecharon que la entrada era gratuita y que las palomitas estaban en oferta para apoyar cada embate celeste en tierras regiomontanas. El espectáculo pintaba bien después de los 45 minutos en los que el paraguayo Christian Riveros arrancó los suspiros que olían a campeonato. Las banderas, los silbatos y los gritos de ¡Azul, Azul!, retumbaron en las cuatro paredes del complejo cinematográfico que al medio tiempo tomó un breve respiro y un trago de cerveza para comentar los goles y para surtir la botana. El segundo tiempo empezó y el alma se le fue secando a los asistentes cementeros cuando lamentaron el 2-3 de Monterrey que se repetía una y otra vez a pesar de la rechifla del venerable. Entonces el ánimo comenzó a caer, el nerviosismo estaba latente, los aficionados cruzaban los dedos para que Cruz Azul guardaba bajo llave la ventaja en el marcador, sin embargo, los Rayados se pusieron regios y le dieron la vuelta al marcador. Poco a poco los asistentes como en cualquier estadio del mundo, abandonaron sus butacas con la garganta seca y la bandera a media hasta, gritando ¡el último que salga que apague la luz!.

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