'Cuau' provocó los 'olés' sobre América

El ídolo Cuauhtémoc Blanco saltó a la cancha en un duelo que podría ser su último en el Estadio Azteca.
Estadio Azteca, Ciudad de México -
  • El delantero entró al minuto 78 ante el alarido de la afición azulcrema y poblana

Apareció en la cancha unos 30 minutos antes de comenzar el partido. Lo hizo a su costumbre, siendo el último en salir del vestidor para el calentamiento en gran parte sabedor de que tendría que esperar en la banca para ingresar al que podría ser su último duelo en el Estadio Azteca.

Con los shorts y las calcetas puestas, pero enfundado en una sudadera gris, el "Cuau" saltó a la cancha pasando desapercibido entre todos los hombres que se encontraban en ella tanto del América como del Puebla.

Blanco llegó hasta la zona donde peloteaban los suplentes de La Franja y ahí comenzó a jugar. Minutos después a un grupo de unas siete personas, ajenas a ambos equipos, de poco les importó el calentamiento y se metieron a la grama para solicitarle una foto al ídolo americanista, situación a la que accedió interrumpiendo su calentamiento.

El "Cuau" se fue al vestidor, atrajo los lentes fotográficos desde una banca en la que no se sentaba desde el 2007 a nivel de equipos y fue hasta el segundo tiempo cuando volvió a aparecer para hacer el calentamiento y colocarse como opción para su DT.

El pobre espectáculo que se brindaba en la cancha provocó que pasados los 65 minutos la tribuna comenzará a corear el "¡Cuauhtémoc, Cuauhtémoc!", situación a la que el "Profe" Cruz atendió hasta el minuto 78.

Blanco fue llamado por su técnico para recibir instrucciones y el estadio despertó. La algarabía y las luces de los celulares se encendieron ante el ingreso del ídolo que podría haber pisado el Estadio Azteca por última vez y ante el equipo que lo vio nacer como futbolista.

Ya en la cancha Blanco provocó los "olés" de los propios americanistas hacia su equipo e inclusive reclamaron una falta sobre su ídolo.

Al final, el Azteca lo despidió como su gran emblema y él se dejó querer al tomarse un minuto para aplaudir a la tribuna en lo que fue la mejor atracción de un partido que quedó a deber, sobre todo del lado local.

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